Santa Cruz de Tenerife
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El edificio fantasma

La mayoría de las 50 viviendas del edificio Laysol, en la calle San Sebastián, están vacías, algo que no pasa desapercibido para los okupas ni para los apenas seis inquilinos que permanecen aún en su interior.
1/feb/10 08:02
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CONCEBIDO COMO CLÍNICA Y TRANSFORMADO LUEGO EN FÁBRICA DE TABACO, este inmueble de tres portales se ha ido desalojando en los últimos 15 años./ d.m.
CONCEBIDO COMO CLÍNICA Y TRANSFORMADO LUEGO EN FÁBRICA DE TABACO, este inmueble de tres portales se ha ido desalojando en los últimos 15 años./ d.m.

TACHI IZQUIERDO, Tenerife

Conocido popularmente como el edificio Laysol, este imponente inmueble de la calle San Sebastián alberga en su interior una truculenta historia de deterioro, ya que con apenas seis inquilinos en la actualidad, se presenta como un coloso casi vacío de vida.

Luis Quiñones es uno de esos pocos habitantes, y lleva viviendo desde hace 50 años en este edificio, "probablemente, el más antiguo", donde hace frente cada mes a un recibo que se rige por la renta antigua, por lo que paga 50 euros. Él ha sido un testigo de excepción de la evolución de este edificio, donde en los últimos quince años se han ido desalojando sus más de 50 viviendas, "a partir de que se iban marchando sus últimos ocupantes, fundamentalmente inmigrantes".

Sin embargo, este botín no pasaba desapercibido para "los okupas", que según Luis "se iban pasando la voz de que esto estaba desalojado, y se buscaban la vida para meterse en las viviendas, a las que accedían por la azotea". Esta situación, según Quiñones, hace que "cada día sea más insoportable vivir aquí", pues explica que el movimiento de tantas personas desconocidas genera ruidos y molestias, y no oculta su temor.

En los tres portales del inmueble, que albergó una fábrica de tabaco de la que heredó su nombre, aunque en su origen se concibió como una clínica, "se ha convertido en una ciudadela, pero de las baratas, porque esto parece un edificio fantasma, ya que el rellano es el más guarro de Tenerife y tenemos que ponernos de acuerdo los inquilinos para adecentarlo, porque los propietarios ni se molestan".

Luis expresa su temor porque "al más mínimo despiste se nos mete gente de la calle y aquí no se sabe ni quién entra por la noche, ya que ha habido gente que se ha venido hasta con sus perros, y en unas condiciones en las que no tienen ni agua ni luz. Se ha corrido la voz de que aquí hay casas vacías, y sólo con darle una patada a la puerta ya se quedan dentro".

Al ser de los pocos inquilinos, "me piden que abra la puerta principal, ya que esta gente no tiene la llave, pero es que campan a sus anchas y llaman a cualquier hora".

"Una vez vinieron aquí cuatro personas bien vestidas, quizá de una contrata, pero, por lo que se ve, no cuajó la operación, con la crisis de la construcción y la incertidumbre del PGO. Yo lo que tengo claro es que me voy con una permuta, porque en esta situación no se puede seguir otros 15 años, pues, por lo que se ve, a los propietarios no les interesa este edificio, y su aspecto ya no tiene nombre, porque es impresentable".

Luis Quiñones dice que "es una pena que tantas viviendas estén vacías", y que no entiende "ni la postura ni lo que quieren los dueños, pues si se alquilaran las casas, se contaría con más propietarios y si hay que subir la comunidad, se sube, pero por lo menos estaría este lugar más decente".

El aspecto interior "es el mismo de hace 30 ó 40 años, porque ni se ha pintado el hueco de la escalera", aunque cree que adecentando un poco, aquí podrían vivir muchas familias, ya que hay pisos de una hasta cuatro habitaciones.

"Aquí empecé a vivir con mi familia a comienzos de la década de los 60, y aquí ha pasado de todo, pues ha habido gente que se ha colado y ha estado viviendo hasta en la azotea". Reconoce que "permanezco aquí porque no tengo dinero, ya que con una pensión de jubilación de 500 euros, a dónde voy. Yo hago mi vida y si surge algo, lo remiendo, pero no me puedo meter en obras".

Él cree que las expectativas de futuro no son buenas, porque "últimamente se han metido cuatro o cinco okupas, que en poco tiempo pueden ser muchos más", y ya no ve más remedio que pedir el apoyo del alcalde, de la concejal de Urbanismo y el de Seguridad Ciudadana, pues teme que "la situación empeore, y habrá que recordarles a los dueños que también tienen obligaciones".

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