![]() | |
|
N. VIZOSO, S/C de Tenerife
Para la reciente directiva que regenta el histórico hotel Mencey de Santa Cruz será difícil encontrar un cliente más fiel que Miguel González de la Peña (Santander, 1929). De hecho, ni siquiera es considerado como un cliente más por el personal del hotel, sino como un huésped familiar cuyo regreso se espera cada año a la llegada del invierno.
Este cántabro de nacimiento, pero tinerfeño de vocación mantiene una lucidez y una determinación dignas de elogio después de décadas de duro esfuerzo y dedicación a su trabajo. A los 72 años de edad Miguel González decidió dos hechos importantes que marcarían el resto de su vida: retirarse como comerciante minorista del textil (oficio heredado e inculcado por su padre) y pasar los inviernos lejos del rigor santanderino.
"Quiero ir a un sitio donde no pase ni hambre ni frío", recuerda que fue lo que le comentó a un amigo que regentaba una agencia de viajes. A partir de ese momento, tardó mes y medio desde que dio la idea hasta que se concretó el primer viaje a la Isla.
Así, desde hace seis años repite la misma liturgia: durante el otoño y el invierno se hospeda en el hotel Mencey y en primavera y verano regresa a su ciudad natal. Asegura que jamás se ha arrepentido.
Miguel González reconoce lo poco habitual de su hogar durante seis meses al año pero en el Mencey se siento como en casa, entre otras cosas porque, a su juicio, "dispone del mejor personal de Europa". A ello, debe añadir los muchos amigos que a lo largo de los años ha hecho en la Isla este apasionado de la historia y de la Orquesta Sinfónica de Tenerife.
Su plácida existencia en el señero hotel de la capital sólo presenta una sombra que lo inquieta: el proyecto de reforma del establecimiento hotelero que llevará a cabo la compañía Iberostar en los próximos meses, tal y como estipuló el Cabildo de Tenerife, propietario del inmueble.
Para Miguel González, las obras supondrán la "destrucción del estilo con que se creó el hotel" y su principal temor es que la espectacular arquitectura del inmueble pase a convertirse en un "cuartel" sin personalidad.
A una persona como Miguel que se mueve por impulsos no le importa mostrar su malestar, sobre todo con el Cabildo insular. "A partir de los 80 años se puede decir todo porque ya no existen ni la vanidad ni la modestia", comenta pausadamente mientras termina un frugal desayuno compuesto por tres dátiles y un plátano.
Efecto de la restauración
A su juicio, el estilo moderno que quieren implantar en el interior del hotel no hará sino despersonalizarlo y se muestra muy molesto con la permisividad de la Corporación insular ante esta "destrucción del patrimonio histórico de la Isla".
Miguel González no se fía de que los trabajos de reforma interior en espacios como los salones se queden, prácticamente, tal y como están, al igual que las zonas comunes, salvo los trabajos previstos de tapicería y cortinaje, según confirmó a este periódico Daniel Cañibano, director del hotel. Iberostar, la nueva cadena hotelera que gestiona el inmueble tras expirar el contrato de arrendamiento de Starwood Hotels & Resort, quiere tener especial cuidado con el respeto a las señas de identidad del hotel, porque si se cambiase mucho ya no sería el Mencey.
Pese a su escepticismo con la obra, reconoce que continuará acudiendo a su cita con el Mencey. "Lo único que lamento es que me tendré que ir al Sur cuando cierren el hotel por las obras", comenta con resignación.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD