Cultura y Espectáculos
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GALERÍA DE RETRATOS JOSÉ CARLOS GRACIA

Colección Guanches Cuadro Nº1

"Vigia en el Acantilado". Óleo sobre lienzo 100 x 130cm
31/ene/10 08:03
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UN HOMBRE CONTEMPLA la inmensidad del océano que le circunda y desde su atalaya distingue varias islas a las que nunca accederá.

¿Por qué? Esa es una pregunta que siempre despertó mi curiosidad.

¿Por qué razón los aborígenes canarios no construyeron barcos con el fin de relacionarse entre ellos si estaban a la vista unos de otros?

Al cabo del tiempo he llegado a la conclusión de que no existe una sola razón sino varias.

La primera estriba en que al carecer de metales no disponían de herramientas tan esenciales a la hora de fabricar una embarcación como son las hachas, sierras, azuelas, cepillos, clavos o martillos. Lo único que conseguían eran ingobernables balsas de troncos, y aunque se utilizaran en el Mediterráneo hace miles de años, ese "diminuto mar" es casi una charca de patos frente a la magnitud y la furia del Atlántico.

En el "Tenebroso Océano" los vientos resultaban imprevisibles y las corrientes entre las islas eran como ríos que arrastraban irremisiblemente las frágiles embarcaciones mar afuera, por lo que de cuantos se arriesgaban a cruzar a una isla vecina si alguno conseguía llegar se encontraba con que las corrientes no le permitían regresar.

La segunda razón es que cada isla, sobre todo las cinco occidentales, se bastaban a sí mismas a la hora de abastecer a sus pobladores, que además imponían un férreo control en los nacimientos con el fin de no ser tan prolíficos como para poner en peligro la supervivencia del conjunto.

Al no existir superpoblación no existía la necesidad de lanzarse a conquistar unos territorios con los que no valía la pena comerciar puesto que casi todos producían mas o menos lo mismo.

Y por último, y no menos importante, cada cual adoraba a sus propios dioses, pero nunca fueron fanáticos, por lo que no se empeñaron en imponer sus ideas religiosas a sus vecinos.

El ser humano siempre se ha movido por intereses económicos, políticos o religiosos, y como al parecer ninguno de ellos interesaba en absoluto a los aborígenes canarios debieron llegar a la conclusión de que estaban mejor cada uno en su casa y Dios en la de todos.

Alberto Vázquez-Figueroa

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