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Islas minifalda

31/ene/10 08:04
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EL PRESIDENTE del Cabildo de El Hierro, D. Tomás Padrón Hernández -ingeniero técnico industrial- es un político de los de antes. En este caso, reserva de la cosecha del 45 (21/10/45), que con su estilo propio, forjado en la marginalidad de la marginalidad como su entrañable territorio original, ha marcado duras pugnas, controversias y muchos años de defensa de la isla más chiquita: la del perdido Meridiano.

La acuñación de la definición es suya y la utiliza para, incluyendo a La Gomera, significar lo corto del enfoque grandilocuente de unas islas principales que escenifican a diario un pulso, de poder y formas de proceder político, que alimentado desde un estado decantado -por eso del divide y vencerás- las convierte en "Islas Minifalda". Es una "gran" equivocación. Ellas son una especie de RUP (regiones ultraperiféricas) de una RUP, es decir, RUPRUP o SUBRUP. Como el cuento de los siete enanitos, en el que resulta que el mayor está cabreado porque el tercero se cree Pau Gasol, ya que lo suben de vez en cuando a un caballo alquilado entre todos.

Y es que frente a vientos y mareas, la minifalda ha subsistido gracias a la coquetería femenina, a la provocación, a las modas, a la ecología, al sol y, sobre todo, al bien entendido "voyeurismo". La única exigencia para lucirla, que no es poco, son unas piernas largas y bien torneadas.

D. Tomás no las tiene y quizás menos D. Casimiro Curbelo Curbelo -licenciado en Filosofía y Letras-, que es el otro representante, casi diez años más nuevo, de esta vestimenta inventada en su versión moderna hace 40 años -antes llamadas taparrabos o tapaculos- que termina por encima de la rodilla (generalmente 20 cm o más). El uso de la prenda era prácticamente exclusivo de las mujeres jóvenes. Símbolo de seducción y atracción sexual, por lo que no suele utilizarse para actividades formales o de trabajo, ni para testar nuevos aparatos en el avance tecnológico planetario. Coloquialmente, se las nombra por su apócope (mini), que es lo opuesto al apócope gran.

El ministerio de Fomento necesita dos ratones de laboratorio para experimentar el nuevo sistema de control aéreo automatizado, y desde Madrid han pensado en las islas minifalda. Cojonudo sin manos, sin pies y sin dientes. Claro, ambos dirigentes han protestado al alimón contra la idea expresada por el ministro D. José Blanco ante el Congreso, con respecto a hacer las pruebas del sistema en las dos islas más remotas como quien cierra los ojos y espera a ver qué pasa. Cuanto más lejos mejor. "Somos las islas minifalda", expresó el presidente herreño, "porque tenemos que enseñar las piernas para que se fijen en nosotros". Mafalda o minifalda, las dos le han plantado cara al ministro, que hirió sin querer la sensibilidad de este par de trozos lejanos que ya están de vuelta.

Se quejan porque también se les puede dejar sin motor, con piloto automático y con azafatas robotizadas. Dicen que el invento ha funcionado con éxito en otros aeropuertos europeos y norteamericanos, y que su adopción en el Estado por parte de todos los aeropuertos de menos de 50 operaciones diarias (12) es un paso obligado de austeridad para prescindir de un determinado número de controladores aéreos, cuyos elevados sueldos encarecen la gestión de Aena.

Nadie se opone al progreso. Si hay que ir, se va; a Marte si hace falta; los canarios ya estamos curados de espanto desde hace mucho tiempo, y los que más hemos vivido experiencias mezclados en nuestras brumas, vientos y tormentas. Sabemos cerrar los ojos y estar tranquilitos en el asiento, ¡líbrame, Señor!, pero o se hace de un modo generalizado, por ejemplo, para esos doce aeropuertos, o se lo prueba su tía María ante lo que parece sólo una pieza del atornillamiento que Mr. Blanco quiere aplicar a los controladores.

Herreños y gomeros han tenido minutos de gloria parlamentaria cuando los unos eran bisagra del pacto de Gobierno (o pacto de hormigón, que no tardó en caer) y los otros ejercían el veto insular en la cámara a cualquier asunto trascendente que afectaba singularmente a su territorio. Las islas no capitalinas, menores, periféricas o menos pobladas, no se quedarán calladas. Gracias al mayor autogobierno han dado un salto cualitativo, de calidad de vida y desarrollo. Entre los canarios su voz cuenta.

¿Veremos a Tomás y Casimiro en minifalda? Sería, sencillamente, espectacular.

infburg@yahoo.es

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