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Los grupos despiden su Carnaval cuando el pueblo se echa a la calle

31/ene/10 08:04
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Quien quiera limitar la celebración de la fiesta de la máscara a las noches de Carnaval está equivocado. Así lo ponen de manifiesto los contertulios de esta semana.

Para el director de la comparsa lagunera Los Joroperos, Fernando Hernández, la vida de un componente de esta agrupación de cuerpo de baile y parranda es un Carnaval, que diría Celia Cruz. En el particular de esta formación, están trabajando todo el año: en abril-mayo comenzaron los ensayos, en verano salieron de gira a Francia, retomaron los preparativos en septiembre para afrontar la nueva edición con la dificultad añadida de que en su concurso del próximo sábado cantarán en portugués. Y todo eso, sorteado con actuaciones tanto en Barbacoa Tacoronte como en cuantas convenciones y congresos se celebran en los hoteles del Sur y el Norte de la Isla.

Hernández reconoce que no todas las comparsas tienen una agenda tan apretada como Joroperos, pero sí es categórico al afirmar que cualquier grupo -ya sea comparsa, rondalla, agrupación musical o murga- vive un Carnaval de seis meses -desde septiembre al día del concurso-, otro muy diferente al que arranca con la Cabalgata del viernes, cuando decenas de miles de anónimos amantes de la fiesta se echa a la calle. Ése es el Carnaval que vive Juan José García, capaz de establecer hasta horarios. "Cuando nosotros salimos por la tarde, no hay nadie; otra cosa es por la noche", añade este infatigable de la fiesta de la máscara, quien reconoce entregarse en cuerpo y alma hasta que don Carnal toca a su fin.

"Recuerdo cuando la fiesta sólo se celebraba el sábado, domingo, lunes y martes de Carnaval, porque hasta el entierro de la Sardina, que se celebraba antes, se incorporó al programa de actos a mitad de la década de los setenta", añade Juan José García.

Es llamativo que los grupos oficiales de Carnaval viven al margen de la fiesta de la calle, entendida como bailes y encuentro de amigos. Las formaciones, desde que concursan, se dedican a amenizar las galas de otros municipios o a desfilar y cantar en las calles de Santa Cruz. Justo cuando los componentes retornan a casa a descansar, sucede que los anónimos carnavaleros toman el testigo.

La reina de 2007 también aporta su experiencia. "El coso se celebraba a las cuatro de la tarde, y ya nosotros estábamos preparadas desde cuatro horas antes. Teníamos que estar a plena disposición de la organización para representar al Carnaval, haciendo gala de mi condición de reina. Fue una experiencia maravillosa; además, como no me coronaron en 2007, en la gala de Amargo, me volvieron a hacer desfilar en 2008", señala Elisabeth Díaz.

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