La patria chica
Como ustedes no ignoran, cuando se hace referencia a la patria chica de una persona, nos estamos refiriendo a su localidad de nacimiento, que de consumo puede llevar aparejada la condición o comportamiento del noble patriotismo, o bien la no tan noble que denota o implica alarde de patriotismo, y es el patrioterismo.
Viene esto a colación de aquellos individuos que, sin haber aportado lo más mínimo a su lugar de origen, se sienten imbuidos del espíritu que han podido aportar sus predecesores, y por tanto merecedores de la gloria que estos en su momento consiguieron.
Es posible que haya personas que hubiesen deseado nacer en París, pongo por ejemplo; no venir de París, que esa es otra canción. No les emociona ser o no franceses, simplemente les gustaría ser parisinos, aunque de manera inevitable ambas condiciones vayan aparejadas.
Cuando esta situación es meramente individual, no debe tener mayor trascendencia y acaso se limite a que tengamos que escuchar a un memo hacerse el afrancesado. Otra cosa bien diferente es que se produzca en elementos visionarios que, sin la menor duda, van a tratar por todos los medios de rodearse de sus adláteres, y de que la semilla fructifique. Llegado el caso se falseará la realidad, tratando de buscarse una identidad que no le corresponde, inventando datos que incorporar a un falso DNI.
Retomando el tema de la patria chica, tenemos que considerar que, invariablemente, la criatura tiene su lugar de nacimiento en el mismo sitio en que su madre lo trae al mundo. Estoy absolutamente convencido de que tienen que preguntarse si estoy en mis cabales, o es que el tintorro me ha jugado una mala pasada. Nada de eso, y por tanto he de darles una explicación que confirme que yo tengo mi tino, y no mi tinto.
Hace años, no muchos, se publicó en este mismo periódico una entrevista a una persona que en esos momentos ocupaba un puesto destacado en la política, representando a su isla en la cámara alta de la nación. Casi al inicio de la entrevista le hacen una pregunta que sin lugar a dudas puede considerarse intrascendente. Simplemente desean conocer su lugar de nacimiento, y la contestación es también simple. Había venido al mundo en uno de los pueblos más grandes e importantes de su isla. Hasta aquí todo puede considerarse de una normalidad apabullante, pero, ustedes saben que en un sinfín de situaciones hay un pero. En este caso no me negarán que el pero no es precisamente moco de pavo. Y es que mientras este distinguido isleño veía sus primeras luces en una bonita población de una de nuestras más bellas islas, si es que podemos distinguir alguna sobre las demás por su belleza, su madre natural, no adoptiva, estaba pariendo en una habitación en la plaza mayor de una señera ciudad castellana, cuasi bimilenaria, una de las capitales de provincia más altas de España, con poco más de 1.000 metros de altitud, cerca de los 1.100 de Ávila, y con un patrimonio histórico artístico de singular categoría.
Este ciudadano tenía que ser canario aún a expensas de falsear sus orígenes. Yo comprendo que todo lo que decía al comienzo, en relación con París, es aplicable a cualquier localidad del universo mundo, pero no es menos cierto que en este país, con un refranero tan rico y tan variado, deberíamos hacer de tripas corazón, y, echando mano a uno de ellos, autoconvencernos que se es "de donde se pace y no de donde se nace", por muy distinguido que sea su apellido y su blasón.
Nunca debemos olvidar que por estas islas se puede luchar, dando lo mejor de nosotros mismos, sin que sea obligado haber nacido en ellas. Un sencillo y modesto ejemplo puedo darlo yo, que llegué en brazos de mis padres, a finales del año 40, y que después de 70 primaveras, tengo una numerosa familia en la que todos sus miembros son tinerfeños.
Nací en una modesta capital de la actual Castilla-La Mancha, por la sencilla razón de que allí estaba mi madre, que en plena guerra civil acompañaba a mi padre, comandante médico. En esa ciudad nunca tuve familia, ni vínculo alguno, salvo uno muy importante, cual es el certificado de inscripción en el registro, que siempre reflejará cuándo y dónde vine a este pintoresco mundo, con tan pintorescos compañeros de singular singladura.
José Luis Martín Meyerhans
Más sobre la Guardia Civil de Santa Cruz
He leído lo publicado en su periódico el 16 de noviembre "La Guardia Civil, siempre en el camino", de María del Pino Fuentes de Armas. La cita en julio de 1898 y en julio de 1959. Yo la cito en julio de 1936, por cosas ocurridas en su Comandancia de Santa Cruz en la madrugada del 19 de julio de dicho año, que dio lugar a lo que a continuación transcribo, literalmente sacado del original que en su día perteneció a uno de los oficiales del Cuerpo imputado.
Don Manuel Lojendio Clavijo, capitán de Artillería con destino en el Regimiento Mixto de Artillería Número Siete, Secretario de la causa nº 88, seguida contra un jefe y tres capitanes de la Guardia Civil, por denuncia formulada por el teniente coronel de dicho Benemérito Instituto, don Isidro Cáceres y Ponce de León, de la que es juez instructor el coronel de Artillería del Regimiento Mixto Número Siete, don Salvador Yglesias Domínguez.
"Certifico: que a los folios que se expresan figuran los escritos que copiados dicen:
Auto.- En Santa Cruz de Tenerife, once de abril de mil novecientos cuarenta... Resultado: Que se inició el presente procedimiento en virtud de denuncia formulada por el teniente coronel de la Guardia Civil don Isidro Cáceres y Ponce de León contra el comandante y capitanes de dicho Benemérito Instituto don Ignacio Garate Echoto, don Guillermo Candón Catalayud, don Gorgonio Pérez Velasco y don Rafael Herrera Zayas, en la que se imputaba a los referidos jefes y oficiales que en la madrugada del día 19 de julio de 1936, encontrándose en el despacho del denunciante, que en tal fecha desempeñaba el cargo de jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de este plaza, y en presencia del coronel de dicho Cuerpo don Agustín Piñol Riera, dijeron que "los cuatro habían estado tratando toda la noche lo que había sucedido el día anterior y que habían acordado avisar al coronel Piñol y al denunciante que estaba descansando para que el primero fuera a la Comandancia Militar a hacer presente que no están conformes con el movimiento subversivo de la fuerza militar y de la Guardia Civil, agregando la denuncia que en la mañana de dicho día el teniente coronel Cáceres dio parte verbal de lo ocurrido al coronel de Estado Mayor don Teodulo González Peral que ejercía interinamente el cargo de comandante militar de estas Islas, sin que se tomase entonces una resolución contra los denunciados por la falta de oficiales en que quedaría la comandancia de la Guardia Civil.
Resultado: Que para el esclarecimiento de los hechos prestan declaración el coronel don Agustín Piñol, quien niega categóricamente el contenido de la denuncia informando por el contrario que la conducta de los denunciados en orden al Movimiento Nacional fue de absoluta adhesión sin que en ningún momento se plateasen dudas respecto a dicho punto hasta el extremo de confiárseles misiones incompatibles con el concepto que al denunciante le merecen aquellos oficiales.
Resultando: Que el coronel de Estado Mayor don Teodulo González Peral declara que en la fecha de autos el teniente coronel Cáceres no le dio parte verbal alguno y que sólo unos quince días después le habló de choque de pareceres entre jefes y oficiales de la Guardia Civil, con relación al Movimiento Nacional, pero sin concretar ni especificar nombres.- Resultando: Que los denunciados niegan los hechos que se les imputan y que practicada una prueba complementaria, por declaración de dos individuos de la Guardia Civil, estos nada aportan al procedimiento por no haber sido testigos presenciales de los hecho, ni aducen aclaración alguna por referencias.
Considerando: Que dado el contenido de la prueba vertida en autos si bien no cabe estimar los hechos denunciados como probados a los efectos de dictar una resolución condenatoria, del examen de la declaración prestada por el coronel del Estado Mayor don Teodulo González Peral se deducen que existían entre los jefes y oficiales de la Guardia Civil de esta Comandancia discrepancias en cuanto a su adhesión al Movimiento Nacional por lo que sólo cabe dar al procedimiento una terminación de carácter provisional por si en su día nuevos elementos de juicio hiciesen aconsejable la reapertura del mismo, ya que actualmente se encuentra agotada la investigación sumarial en tal sentido. Considerando: Que dada la naturaleza de los hechos perseguidos es procedente la elevación a causa de las actuaciones y el sobreseimiento provisional de la misma conforme al número UNO del Artículo 538 del Código de Justicia Militar.
Visto el expresado precepto, artículo 396 del mismo Cuerpo legal y demás de general aplicación.
Acuerdo: La elevación a causa de las actuaciones y el sobreseimiento provisional de la misma. Y remítase los autos al Excmo. Sr. general comandante general de Canarias, autoridad judicial de estas Islas a los efectos de aprobación si así lo estima, debiendo acordarse por esta Autoridad caso afirmativo sobre las diligencias de ejecución pertinentes.
El Auditor.- P.I. Francisco Carnero. Rubricado. Hay un sello que dice: Auditoría de guerra de Canarias. Santa Cruz de Tenerife.
Santa Cruz de Tenerife, 16 de mayo de 1940.
De conformidad con lo expuesto en el Auto precedente, y por los fundamentos del segundo considerando del mismo, elevo este procedimiento a causa, decretando su sobreseimiento provisional; y vuelva la misma al Sr. auditor de guerra de esta Capitanía General, a los fines pertinentes. Serrador. Rubricado. Hay un sello que dice: Capitanía General de Canarias. E.M.
Y para que conste y a petición de la parte interesada expido el presente, visado por S.S. en Santa Cruz de Tenerife a doce de julio de mil novecientos cuarenta.
Vº.Bº. El Coronel Juez Instructor".
De lo que se habló en dicha reunión, me lo reservo ya que han pasado muchos años, y ninguno de ellos viven para dar más luz a todo esto.
El coronel Piñol se retiró de general de División; el comandante Garate, de teniente coronel; el capitán Candon, de general de Brigada; el capital don Gorgonio, como así era conocido, de teniente coronel; el capitán Herrera, de coronel, y el tristemente Cáceres y Ponce de León quedó postergado pa-sando al retiro en el año 1941.
Por último, le digo a la señora Del Pino que la reina Isabel II, antes de abdicar, fue destronada debido a "la Gloriosa".
Baltasar P. Bes
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