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MANUEL DE PRADO *

La falta de ignorancia

28/ene/10 07:47
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CUANDO alguien decide dedicarse a la política (organizar la "polis" en griego, de donde viene), si quiere hacerlo bien, no le queda más remedio que ponerse a estudiar. Quien quiere hacer algo por los ciudadanos, saber lo que les preocupa, cómo reconocerlo y cómo solucionarlo, tiene que estudiar muchas cosas, desde economía y gestión hasta salud pública y pedagogía.

También está la opción de intentar hacerse político profesional, pertenecer a la "clase política". Éstos, que no lo hacen para servir a los ciudadanos, sino para servirse a ellos mismos y a sus partidos, ya están exentos de estudiar. A diferencia de los anteriores, contratan una legión de expertos a los que encomiendan esos estudios. Expertos que normalmente suelen proceder del entorno clientelar del político profesional y de su partido, y su sueldo depende directamente de que lo que digan esté en consonancia con la línea de pensamiento de la mano que les da de comer.

Decía el gran Mario Moreno, Cantinflas, cuando hacía referencia al poco conocimiento de alguien sobre un tema, con esa inconfundible voz suya: "Hay que ver, lo que es la falta de ignorancia". Precisamente, uno de los "logros" que esta tropa ha conseguido es que el estado de la felicidad aparente sea la ignorancia, y la verdadera "falta de ignorancia", es decir el conocimiento real de la situación, hace necesariamente que el ciudadano esté inconforme con la situación. Me voy a permitir el lujo de hacer otra referencia cinematográfica. En "Sospechosos habituales", se comenta: "El gran triunfo de Satanás ha sido convencer al mundo de que no existe". Algo parecido ha sucedido con la clase política. Han conseguido olvidarse de los ciudadanos, pero han conseguido algo mejor, que es que los ciudadanos se olviden de ellos. Las personas inteligentes, es decir, la mayoría de los ciudadanos, hace ya tiempo que saben que cuanto más quieran averiguar, cuanto más quieran estudiar, más se van a enfadar con la situación, y con lo poco que hacen los que pueden hacer algo para solucionarla. Es por eso que la "clase política" es en este momento el tercer motivo de preocupación de los ciudadanos. Y es por eso que los ciudadanos han llegado a la desidia como herramienta para sobrevivir en un estado de "felicidad aparente", aceptando como un mal necesario la existencia de una "clase política" a la que ni afectan las crisis, ni las entienden, ni las solucionan. La auténtica generación "ni-ni".

Por eso es muy necesario motivar a los ciudadanos para que estudien, para que se informen, para que tengan espíritu crítico, y que no sean conformistas, pues son sus derechos y sus dineros lo que está en juego. Es muy necesario acercar la política y las administraciones públicas a los ciudadanos, para que los ciudadanos vuelvan a ser los que controlen la situación, y que su participación en la democracia activa no se limite únicamente a ir a votar cada vez que les llamen, suponiendo que vayan, que cada vez menos. Porque tiene que haber otra manera de hacer las cosas, pero para eso hace falta que quienes las tienen que hacer, aquellos en quienes confiamos cada cuatro años, estén continuamente observados, con una masa ciudadana que esté ojo avizor para agarrarlos de la solapa y decirles: "Aquí estamos, vigilando, tened cuidado con lo que hacéis".

En eso consiste la verdadera regeneración democrática, en hacer que los ciudadanos retomen las riendas de su propio destino.

* Responsable de Programa y Estudios de UPyD en Canarias

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