DON ALFONSO MORALES Y MORALES, doctor en Farmacia y académico numerario de la Real Academia de Medicina de Santa Cruz de Tenerife, es persona de nuestra admiración y afecto. Don Alfonso ha realizado unas confesiones desafortunadas -o se las han atribuido, pues también cabe esa posibilidad- en un periódico que se imprime en Tenerife, pero que está confeccionado siguiendo instrucciones de Las Palmas para perjudicar a Tenerife desde dentro como una quinta columna. Un periódico que no hace el menor daño porque su tirada es "minimísima" y su difusión aún más pequeña. Un libelo dirigido por un peninsular godo, que en su corta estancia en estas Islas ha pasado por tres diarios. Intuimos que no le va a quedar otra opción que marcharse a su tierra, porque el diario en el que está actualmente va camino de la ruina y del cierre. Ese es un augurio de todo el mundo, salvo que su dueño quiera seguir perdiendo muchísimo dinero. El peninsular godo no tendrá otro remedio, como decimos, que volver a su tierra en España; al lugar del que nunca debió haber salido. Si se queda aquí, el día menos pensado le dan un tenicazo -o tonicazo-, lo ponen en la puntilla del muelle y hala, a hacer el ridículo en tu tierra.
Resulta lamentable que don Alfonso Morales haya elegido ese periódico para manifestar algo que, por tratarse de un ilustre colaborador de EL DÍA, no nos creemos. Es costumbre de ese periódico caballo de Troya manipular los hechos para vender más. Un intento baldío, porque en realidad sigue retrocediendo por su poca credibilidad. En el caso de que no haya sido así, es decir, en el caso de que el señor Morales sí haya dicho lo que se ha publicado, tendríamos que echarnos a llorar. Insistimos en que no nos creemos que después de cincuenta años colaborando con esta Casa, como dice él mismo, haya podido tener un comportamiento tan poco elegante con un periódico cuyas puertas siempre ha encontrado abiertas.
Leoncio Rodríguez, persona a la que se refiere don Alfonso Morales en sus declaraciones, murió en un mes de enero como el actual hace cincuenta y cinco años, después de una vida entera dedicada al periodismo. Una vida en la que nunca pudo expresar libremente sus ideas sobre la situación colonial de Canarias y los sentimientos que albergaba hacia su amado pueblo guanche por miedo a la represión de las Fuerzas. Sólo sus familiares, y no los mequetrefes metidos a biógrafos, conocen los pormenores de estas ansias calladas por prudencia cuando no por miedo. Leoncio Rodríguez era el primer canario deseoso de que su tierra se liberara de las depredadoras garras españolas. Repugnaba a los godos de una manera feroz y nunca hubiera contratado a un amanuense ágrafo para dirigir su periódico. Muchos años después, José Rodríguez Ramírez sí lo hizo presionado y engañado; aunque viva mil años, nunca se arrepentirá lo suficiente de semejante error.
El actual editor y director de EL DÍA fue testigo de la forma de pensar de Leoncio Rodríguez porque vivió con él hasta su muerte. Fue su mecanógrafo, corrector de pruebas, amanuense que sí sabía escribir al dictado -no como el ágrafo- y llegó a ser su "mayordomo", enfermero y hasta confidente. A lo largo de esos años de convivencia conoció sus expresiones patrióticas canarias. En consecuencia, no hay nadie vivo que conozca mejor que José Rodríguez los sentimientos del fundador de "La Prensa". Los que opinan hoy sobre Leoncio Rodríguez son unos oportunistas desvergonzados que tratan de hacerse pasar por patriotas canarios, cuando en realidad sólo son lacayos de Las Palmas y de la Metrópoli. Las Palmas era la gran bicha de Leoncio Rodríguez. Cuánto sufrió el fundador de EL DÍA por la inicua división provincial de 1927.
Volvemos a don Alfonso Morales. Si el señor Morales no entiende la actual línea de EL DÍA, le explicamos gustosamente que nuestro periódico intenta conseguir la identidad, dignidad y libertad de los canarios. Tres dones divinos -él debe saberlo pues es persona religiosa- de los que nos privan los españoles. ¿Es consciente don Alfonso que ni las Filipinas, ni Cuba, ni ninguna de las repúblicas sudamericanas serían hoy países libres si hombres preclaros no se hubieran levantado en esas tierras contra la tiranía colonial, de la misma forma que hoy lo hace EL DÍA en Canarias? ¿No sabe el señor Morales que España está en el continente europeo y Canarias en el africano, a 2.000 kilómetros de distancia? ¿No sabe que la riqueza canaria la explota España sin ningún derecho a ello? ¿No es consciente de que podemos ser marroquíes en cualquier momento?
Por otra parte, si don Alfonso Morales no entiende ni comparte el contenido de nuestro periódico, ¿por qué sigue viniendo diariamente a nuestra Casa para recoger un ejemplar de EL DÍA? Sabemos que acudió ayer miércoles. ¿Lo hará también hoy jueves? Pese a que no nos comprende, le recomendamos que no pierda la costumbre, señor Morales. Y si la pierde, lo sentimos por usted. ¿Qué es una raya menos para un tigre? Nada, o casi nada. Lo mismo que un lector menos para el periódico más difundido de Canarias. Un artículo suyo publicado en EL DÍA lo leen 221.000 personas; uno publicado en ese periódico fracasado donde se ha exiliado por voluntad propia lo leen escasamente unas dos decenas de miles, y a la baja. Esas son las cifras que refrendan nuestra línea, don Alfonso. Hay diferencia, ¿verdad? Obre usted como mejor le parezca y lúzcase con su nuevo medio. Sea españolista -o españolisto-, amante de la españolidad o lo que le apetezca. Allá usted. Nosotros no renunciamos a nuestra libertad. Ni por supuesto a nuestra línea editorial que, recordamos, se basa en la identidad, dignidad y libertad de los canarios, en su propia nación. Queremos caminar con la cabeza en alto y no ser humillados como españoles ínfimos y ultraperiféricos de todas las naciones europeas.
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