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EN EL CAMINO DE LA HISTORIA JUAN JESÚS AYALA

El PNC, imprescindible en la unificación nacionalista

28/ene/10 07:47
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También nosotros suspiramos por la unión; también nos esforzamos porque la unión real de los hijos de las Islas Canarias se efectúe, puesto que semejante acuerdo sería la salvación del Archipiélago, la felicidad de sus habitantes, la instrucción de nuestros hijos, la dignidad reconquistada y el respeto que merecemos; sería un baluarte contra las iniquidades de las que venimos siendo víctimas".

(Secundino Delgado en "Vacaguare")

ES IMPOSIBLE lograr la unificación nacionalista sin que esté presente el PNC. Si fuera así se lograría una conformación inconclusa, carente de acento nacionalista y, sobre todo, sin el ribete fundamental de una historia, la del PNC, primer partido que ha transitado por esa ideología y que ha marcado dentro de la simbología y decisión nacionalistas una comprometida preocupación por Canarias, por situarla en el sitio que le corresponde dentro del espacio socio-político.

El PNC, desde sus inicios, el 30 de enero de 1924 en La Habana, ya tuvo confrontaciones internas puesto que mientras su presidente y fundador, José Cabrera Díaz, apoyaba, dejando atrás sus tesis independentistas, un autonomismo para Canarias emulando a Secundino Delgado, otros destacados dirigentes se definían independentistas a ultranza.

Debates y planteamientos que se han sucedido a lo largo de su historia y que, a pesar de los congresos que se han celebrado, siguen revoloteando en el ámbito del partido, o mas bien dentro de la conciencia de muchos de sus militantes.

En el X Congreso Nacional se decidió como objetivo ir hacia una Confederación de Estados porque se entendía que en primera intención era lo más posibilista y transitorio para que las políticas y decisiones estatales fueran conformándose en ese sentido. Máxime cuando Cataluña y Euskadi tendían a ir por ese camino. Camino que será imposible de recorrer, y tal vez de iniciar, si no existe una fuerza única y nacionalista capaz de obligar a las mayorías, PP-PSOE, a una modificación sustancial y contundente de la Constitución.

Ese camino, desde Canarias, tendría que establecerse desde la unificación y transitar hacia ese objetivo; el disgregarnos, aún sin unirnos, es continuar instalados en la ambigüedad, en la indefinición que, al no tener claro el objetivo lo que se lograría sería una muerte súbita que desgarraría la posibilidad de un entusiasmador y definitivo proyecto nacionalista.

De ahí que sería importante y consecuente la unificación. En eso podríamos, seguramente, desde la teoría y desde la parsimonia estar de acuerdo, ¿pero sería pedirle peras al olmo la celebración y tendríamos el suficiente coraje para verificarlo un Primer Congreso Nacionalista donde decidir y definir un objetivo político común que en estos momentos, y como prólogo para luego pensar en mayores y contundentes decisiones no podrá ser otro que tender a una confederación de Estados, a una cosoberanía?

Con ello se rescatarían soberanía y competencias, las máximas posibles al estado, quedándose en sus capacidades y dominios sólo defensa y moneda, con lo cual este se adelgazaría sustancialmente. Pero esto se conseguiría siempre y cuando se forzara, como antes mencioné, un cambio constitucional, un nuevo modelo de Estado.

Hace falta, pues, que los nacionalistas, las organizaciones que así se denominan, y no es perogrullo, seamos de una vez eso, nacionalistas, y no de boquilla; lo pongamos en práctica un día y otro también. Si seguimos pensando en insularismos (pan para hoy y hambre para mañana), sería fatal, aniquilador y anquilosante. Si seguimos pensando en la provincia y reivindicando pleitos sería rizar el rizo de la inconsecuencia y pobreza argumental. Para pensar Canarias como un territorio único no hay otra alternativa que hacerlo desde posiciones nacionalistas universales y tener entre todos la idea clara de qué es lo queremos para las Islas. De ahí la necesaria unificación, de ahí la necesidad perentoria de un primer congreso nacionalista.

No debemos doblegar la idea de Canarias cada uno por su lado, eso sería un canto al disparate y, además, no es correcto porque enlentece y dificulta cualquier proyecto nacionalista serio, a la vez que pudiera tenerse la sensación de ser más torpes que aquellos que dicen defender las Islas desde posiciones estatalistas-centralistas.

Adelantarse a los acontecimientos es fundamental en política para que nadie nos coja con el paso cambiado y que nos vengan con dictados que hacer o dejar de hacer aquellos que son nuestros ajenos y que mueven los hilos ocultos de decisiones que se toman siempre a espaldas nuestras.

Tendremos que ir hacia un nacionalismo universal canario sin apreturas, pero también sin olvidos. Todos seremos necesarios para construir el universo nacionalista canario.

Así que unificación ya, congreso nacionalista de inmediato. Sin estas dos situaciones puestas en disposición para el trabajo político y por la vía rápida seguiremos diciendo no se sabe cuántas cosas, pero ajenos a nosotros mismos y perdiendo el tiempo. El tiempo político en meras discusiones teóricas que hacen que una cuestión fundamental como es el futuro de las Islas se nos escape de las manos.

Y el PNC es indispensable para esas dos circunstancias políticas que se deben propiciar sin dilación. Por su historia, por ser referencia legítima y consecuente del nacionalismo canario, porque hemos avanzado en el entendimiento sobre lo que debe ser Canarias dentro del espectro del resto de los pueblos y entender un nuevo modelo de convivencia con el Estado, donde se sea menos estado Español y más nación-estado canaria.

El PNC debe estar porque conserva dentro de sí la convicción nacionalista capaz de encauzar el pensamiento, de posicionar un estilo sin trabas ni ambages conceptuales, porque a través del tiempo hemos agrandado nuestra conciencia política sin disquisiciones ni inconsecuencias.

Cuando el PNC cumple sus 86 años de existencia no sólo debe ser este un momento para la reflexión mas allá de la historia, sino también un punto de arranque de nuevas propuestas aglutinadoras en torno a su ideología que no es otra, dentro del espíritu heredado de Secundino Delgado, que impulsar al archipiélago por la senda que le corresponde, y de una vez por todas, si es que tenemos un ímpetu nacionalista consolidado para construir definitivamente Canarias con todos los atributos de una nación.

Si esa fecha sirviera de reflexión y como punto de partida para el resto de las organizaciones nacionalistas entonces sí que habríamos dado un primer paso imbuido con todo el esplendor de una nueva esperanza.

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