Singladura
A los navegantes
de todos los mares
del mundo. Singladura
no es un cántico mío, es suyo.
Larga singladura
mar embravecido
olas gigantes
barriendo la cubierta
de mi pequeño barquito.
Hélice fuera del agua
girando rota el
chirrido de las aspas
lo denotan.
Auto amarrado al mástil
de proa para impedir ser
barrido por las olas
sin cuaderno de bitácoras
para anotar las horas sin
horas.
Inclinado a babor
inclinado a estribor
los cristales del puente
están empañados, no me dejan
ver posibles arrecifes que
afecten a mi barco.
Sin gobierno ni mando
mi barquito pequeño
sigue navegando.
Muere el día, aparece
el ocaso sin luz y sin
guía, ¿hacia dónde va
mi barco?
¿Sombras oscuras allá
en la lejanía? Si fuera
una isla, ¡madre mía!,
qué alegría.
A pesar de los pesares
no contemplo un naufragio
la luz de luceros y
estrellas me están diciendo
¡ánimo!
Tu barquito alguien lo está
guiando.
Musito una oración y pido
a Dios perdón por mis
culpas y pecados.
Larga singladura
mar embravecido
cuando llegue a tierra
diré: ¡Gracias, Señor¡,
siempre supe que en todo
momento estuviste conmigo.
Armando Edodey Ramos
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