DEBERÍAN los responsables del "pagar por mirar" (eso que llaman peiperviú) del Canal Satélite Digital revisar la primera parte de la transmisión televisiva del encuentro Tenerife-Valencia y averiguar si el locutor que seguía el partido tiene carné de socio del club valenciano. O al menos calibrar su inexistente imparcialidad.
Lo decimos porque a este buen señor se le vio la oreja durante los primeros 45 minutos, hasta el punto de que, incluso, se le escapaban grititos de alegría cuando los jugadores del equipo visitante estaban a punto de marcar. Luego, en la segunda parte, quizá alertado por alguien sensato, el hombre rectificó y se mostró casi imparcial.
No es la primera vez que esto ocurre. Con relativa frecuencia, los locutores asignados para transmitir por PPV los encuentros que disputa el Tenerife, tanto dentro como fuera, se muestran parciales a favor del equipo rival. Los partidos se narran desde estudios centrales, no desde el campo, al menos la mayoría de ellos. Esto quita calor al relato y produce notorios despistes en cuanto a jugadas, nombres de los jugadores actuantes, etcétera. Pero lo del otro día fue mucho y hemos escuchado comentarios por ahí que corroboran totalmente nuestra tesis.
Sabido es que el godo cuando puede nos tira. Pero lo del otro día fue demasiado. Muchos aficionados, para ahorrarse cabreos, ponen las imágenes de la tele y siguen el audio por la radio. Pero ocurre que, con el digital, el sonido de la radio llega cinco segundos antes que las imágenes de la televisión, así que uno se arma un lío terrible con esta fórmula.
Sería menester que los rectores del PPV recomienden a sus locutores que afinen la melodía. Por la propia imparcialidad necesaria del canal y por la salud de los hinchas, a algunos de los cuales vimos con el cogote colorado y los mofletes agitados al escuchar las diatribas del encargado de aquella transmisión. Y repito: son reincidentes.
Bastante tiene el Tete con su delicada situación para que encima le chuleen los nervios a su afición contando lo que no ocurre sobre el terreno de juego. A pesar de esos locutores perversos, nos vamos a salvar; nos tenemos que salvar, aún a costa de sortear con mucha habilidad las palabras del hombre gafado de la tele. Vamos a desear que esta carta llegue a su destino y que el próximo domingo, ante el Zaragoza, el encargado de contarnos esas cuitas lo haga con mucha más limpieza y deseos de narrar la verdad. Aunque sus colores le puedan.
Es de justicia y nosotros lo esperamos con ardor guerrero blanquiazul. Aunque esto último tampoco parezca muy neutral que digamos.
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