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EDUCACIÓN, FAMILIA Y SENSATEZ FRANCISCO M. GONZÁLEZ *

Un café con el Dr. Ponce Ortega

22/ene/10 07:54
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RECUERDO el primer día que sus padres llevaron al colegio a José Miguel Ponce Ortega, porque, con seis años que tendría, me saludó con una abierta y simpática sonrisa -parece que fue ayer-. Aquel curso, profesionalmente, lo estaba pasando mal. Me habían nombrado por "decreto" director, y lo mío era el aula. Pero había algo que me alegraba la vida: Josemi, que, a diario, venía a darme los "¡buenos días!", con su encantadora sonrisa, y con toda naturalidad y cortesía -esto se aprende en casa-. Después se iba a jugar. Sólo un día se detuvo algo más conmigo, para contarme su alegría, porque su mamá estaba esperando otro hermanito.

Josemi Ponce fue un excelente y responsable alumno de Primaria y Secundaria: seis matrículas en el Bachillerato -¡lo que cuesta sonsacarle esos éxitos!-; aunque las Matemáticas en COU pusieron a prueba su tesón y capacidad para el estudio. Medicina lo hizo a curso por año, con buenas calificaciones, cinco matrículas -lo dice como con vergüenza-. Hoy residente de 3ª de la especialidad de Oncología Radioterápica en el Hospital de Ntra. Sra. de la Candelaria de Tenerife.

Ahora es más fácil, pero me ha vuelto a alegrar la tarde con su visita, que aprovechamos para tomarnos un café y charlar de lo humano y de lo divino. Su sonrisa sigue siendo simpática y franca, con mirada sincera y a los ojos; no pierde la calma para escuchar -poco frecuente en los médicos-. Además, sin alardear de ello, se le nota que ama y vive su profesión.

Ni por ganar dinero, ni por tradición, ¡sería una locura! Me hice médico por vocación. Son muy difíciles los primeros años de la carrera, para uno meterse en ella con otro tipo de motivaciones; además es larga y en realidad dura: porque hay que enfrentarse con la fragilidad de la vida y el misterio de la muerte. Tiene satisfacciones maravillosas, aunque nada fáciles: un diagnóstico o un tratamiento acertado, tratar y contribuir a sanar a una persona enferma, o, al menos, aliviarla y animarla.

En Oncología Radioterápica se ha mejorado mucho, tanto la capacidad de diagnóstico por imagen como analítico; y en pocos años se avanzará bastante más: se pueden hacer estudios más precoces, con indudable mayor posibilidad de curación. Que en la actualidad está en el 55 a 60%, cuando era de un 20 o un 30% hace unos 20 años. Esta especialidad es bastante moderna, poco conocida y esperanzadora; en la que médicos y enfermos han de vencer muchos miedos. Cada paciente es un reto que te enseña mucho en el día a día y con el que se aprende a valorar la vida.

Los profesores de la carrera que recuerdo de manera singular: los doctores Díaz Flores, catedrático de Anatomía Patológica, que su máxima era: "Aprender, olvidar y volver a aprender". Cuando estaba al microscopio nos advertía de que tenía "dos orejas libres" para escucharnos; y Parache, catedrático de Obstetricia y Ginecología, que combina el arte con la medicina, y el buen hacer médico con el buen humor. Los doctores Ortega Álvarez (Farmacia) y Ponce Núñez (Medicina) -por quienes le pregunto- son mis padres, y son tantas las cosas que de ellos he aprendido; tal vez en lo que más me haya influido: su generosidad, su hábito por el estudio, el trabajo y el respeto por los demás; pero, de manera especial, por los enfermos y las personas que sufren: me han enseñado a tratar con mucha paciencia y cariño a mis pacientes. Ser el mayor de ocho hermanos es lo mejor que me ha podido ocurrir. "Se multiplican las alegrías y se dividen las penas", como dice mi madre. Sí, soy creyente -en mi caso católico-; creo que no podría ser de otra manera.

Me gusta viajar. Un país que me encanta es Italia, por la belleza de su cultura. La música me gusta toda, desde la "Tocata y fuga, en re menor de Juan Sebastián Bach" o el aria de las "Variaciones de Goldberg" a "Carusso", de Lucio Dalla. Una película: "Sospechosos habituales", protagonizada por Kevin Spacey, ganadora de dos Oscar. Un libro de lectura reciente: "El mundo amarillo", de Albert Espinosa, en el que se basó el guión de la película "4ª planta".

¡Gracias, doctor, o mejor, Josemi! Por tu tiempo y por tu ejemplo de ilusión, por tu quehacer del día a día. No pierdas esa humanidad y esa sonrisa que te caracterizan con tus pacientes.

* Orientador familiar y profesor emérito del CEOFT

fmgszy@terra.es

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