CREO que ha quedado meridianamente claro después del terrible terremoto que ha asolado Haití que, hoy por hoy, la única potencia indiscutible a nivel mundial es, nos guste o no, los Estados Unidos de América, la única capaz de tomar rápidas decisiones y actuar en consecuencia. Ya esto quedó en evidencia cuando la crisis yugoslava, evitando grandes matanzas. Los europeos, en cuyo espacio estaban ocurriendo los hechos, todavía estarían discutiendo cuántas fuerzas tendrían que actuar y cómo se iba a pagar. Lo mismo está ocurriendo en Afganistán, y anteriormente ocurrió en Irak, donde el tirano todavía continuaría exterminando a quien le molestase. Mucho Tratado de Lisboa, muchos presidentes, nada menos que dos, uno fijo y otro periódico, pero ninguno está donde tenía que estar y nadie toma decisiones, ni siquiera para repartir la ayuda, cuando los pobres haitianos no tienen ni para comer ni para beber, pudriéndose los cadáveres en plena calle, con el peligro de epidemias y con el aumento del caos, del pillaje y los robos. Tristemente ¡esto es Europa! Es una lección que todos, y especialmente los canarios, debemos tener presente; no podemos confiar ciegamente en una posible ayuda europea para nada importante; alguna ayuda económica y basta.
Estamos, por otro lado, en plena presidencia rotatoria de la Comunidad Europea de España, aquella en la que confiaba nuestro presidente mediático para relanzar su hoy maltrecha imagen, ¿pero cómo puede esperarse que quien tiene sumida a España en una terrible crisis económica y moral pudiera arreglar los problemas de Europa? Sus primeros pasos han sido poco afortunados, sus propuestas han sido rechazadas y ridiculizadas, especialmente por Alemania, en lo referente a las posibles sanciones si no se cumplen los objetivos económicos. Curiosamente, los primeros sancionados seríamos nosotros, que ya no cumplimos nada. La prensa europea y americana no se ha recatado en ridiculizar al presidente, y de paso a España, lo cual considero del todo injusto, porque si bien nos encontramos en los últimos lugares para la posible recuperación de la crisis, con unos abultados índices de deuda pública y, sobre todo, de paro, por las medidas tomadas por nuestro gobierno, algunas de nuestras empresas privadas y algunos de nuestros bancos están considerados como de los más importantes a nivel mundial, solventes y resolutivos.
Según el periodista José María Carrascal, el problema del no empadronamiento de los inmigrantes en Vic, que aparte de su posible justificación jurídica grava poderosamente al Ayuntamiento catalán, que se ve obligado a proporcionar vivienda, asistencia sanitaria y escolar a todos los empadronados, no significa más que el cuarto fracaso de Zapatero como presidente. El primero sería su intento de lograr la paz en el País Vasco. ¿Se acuerdan del proceso de paz, en que Otegui y otros eran "gentes de paz" y que había que acomodar la justicia a las circunstancias del momento? El segundo sería el cerramiento de nuestro ordenamiento territorial dando a los nacionalistas lo que quisieran, por ejemplo, el Estatuto catalán. El tercero sería resolver la crisis económica, que primero se negó, tomando medidas tarde y desacertadas, en contra de lo que están haciendo otros países como Francia y Alemania, que ya la están superando y creando empleo. Pues bien, el cuarto fracaso sería el más ambicioso de todos: alterar el equilibrio socio-político de España a través de los inmigrantes. La cuestión era la siguiente: en España existen dos bloques aproximadamente iguales de derechas e izquierdas. Si añadimos un par de millones a la izquierda, tendría esta fuerza garantizado el poder para siempre. Estos dos millones podrían salir de los "agradecidos" inmigrantes. De aquí el "papeles para todos", junto a los cientos de miles de hijos y nietos de españoles en Hispanoamérica, que completarían el trabajo.
Sin embargo, la realidad se está imponiendo. La inmigración masiva de inmigrantes, en lugar de la necesaria según las necesidades del país -mano de obra más barata que la nacional, sin problema de horario al tener la familia fuera- funciona con una economía pujante y fuerte. Pero cuando la economía se contrae y el paro crece, las arcas públicas se vacían y comienza la lucha con los escasos recursos que quedan. Los primeros en notarlo son los ayuntamientos y, entre las personas, los inmigrantes ilegales, que además no tienen familia donde acogerse y que los apoye. De todo esto tenemos buena muestra en Canarias, donde familias trabajadoras y que han pagado sus impuestos ven relegadas sus pretensiones de lograr una vivienda social o protegida porque se la dan en primer lugar a los inmigrantes ¡que no tienen nada! En la atención escolar y sanitaria ocurren casos similares. En esta última, las operaciones y consultas se retrasan enormemente por haber crecido la demanda, debido a los "turistas" y a los inmigrantes, que además requieren los servicios, que en la mayoría de los casos se les da gratuitamente, con impaciencia y cierta violencia, al menos verbal.
El pasado domingo, en las elecciones legislativas en Chile, se ha producido un vuelco histórico: la coalición o concertación de centro-izquierda entre la democracia cristiana y los socialistas ha sido derrotada por el líder de Coalición por el Cambio, de carácter derechista-liberal, el empresario Sebastián Piñera. Chile, que sin duda es la democracia más consolidada de América hispana, con una economía saneada, habiendo superado la crisis global, y en el que su anterior gobernante, la socialista Michelle Bachelet, tenía un índice de aceptación ciudadana del 80%, cansada del estéril populismo, pensando que es posible vivir en paz y en bienestar olvidando los viejos prejuicios y no mirando atrás, respetando el imperio de la ley y aplicando con rigor la política económica, ha apostado por el "cambio". Se espera que el nuevo gobernante continúe aplicando los valores de la concordia y el desarrollo económico, que han resultado claves en el próspero devenir chileno. Sus primeros pasos van en ese sentido, llamando a formar un gobierno de "unidad nacional". Sus palabras más repetidas en su primer discurso como presidente fueron: "Unidad, diálogo, esperanza y futuro", con el deseo de que la oposición actúe con firmeza pero con lealtad, que tenga una actitud constructiva que les permita seguir avanzando, señalando que Chile necesita "aire puro para renovar el país". Han dado un ejemplo a nivel mundial con su contrincante derrotado Eduardo Frei, felicitando con su familia al vencedor y deseándole lo mejor. Produce sana envidia tal como se desarrolló en España el relevo del poder tras el 11-M.
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