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21/ene/10 07:55
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SE PREGUNTA Eligio Hernández qué puede pensar de la Justicia un ciudadano normal y corriente, lo que se dice un hijo de vecino al uso, cuando todo un presidente de la Audiencia Provincial de Las Palmas es condenado por el Tribunal Superior de Justicia de Canarias y luego absuelto por el Tribunal Supremo. Eligio Hernández, ex fiscal general del Estado, ha sido el abogado defensor de José Antonio Martín Martín; el magistrado estigmatizado en las Islas y rehabilitado en Madrid. ¿Y ahora qué?, también me pregunto yo.

Hace poco comenté con un periodista algo sobre la condena de un político gomero. "Si ha recurrido, como lo ha hecho, hay que esperar a una sentencia firme del Tribunal Supremo", le dije. "¿Esperar para qué? Está claro que es culpable", objetó. En ese instante tuve el convencimiento de que si estuvieran abiertas las checas y permitidos los "paseos" de madrugada, aquel individuo, que va por la vida de progre incuestionable, estaría arrancándole las uñas y conduciendo hasta la tapia de un cementerio a más de uno. Me gustaría ser mejor escritor para trasmitir en estas breves líneas, como sólo son capaces de hacerlo los maestros de la pluma, no sólo las palabras de ese rencoroso, sino también el tono de odio con que las dijo y la mueca de asco siniestro que afloró a su rostro. Para más señas -y hasta aquí llego-, el no citado sectario sostenía ayer, en uno de sus cenagosos artículos, la culpabilidad del magistrado Martín.

No creo en la Justicia. He escrito aquí mismo, por lo menos en dos ocasiones, que un mundo absolutamente justo sería imposible. O al menos sería un mundo sin pájaros; los pájaros se alimentan de larvas y gusanos, lo cual resulta bastante injusto para las larvas y los gusanos. Razón por la que tampoco habría leones, ni cernícalos, ni ningún bicho con capacidad de moverse, incluido el homo sapiens sapiens -inteligentes al cuadrado; eso aseguran los sabios-, que se coma a otros bichos igualmente capaces de moverse. La vida se alimenta de vida, le recordaba Oriana Fallaci a los políticamente correctos en uno de sus últimos libros. No creo en la Justicia, cierto, pero sin un sistema judicial vigente terminaríamos en una sociedad de hienas. Por eso quiero vivir al menos con la Justicia que tenemos aunque, como han dicho algunos de sus miembros, sea mejorable.

Eligio Hernández me recordó ayer, en una breve conversación, el poder casi ilimitado de un juez de instrucción. Un policía que se porte mal nos puede detener sin motivo como máximo 72 horas. Un juez que decida portarse mal nos puede privar de nuestra libertad, igualmente sin motivo, durante mucho más tiempo. Por eso son imprescindibles hombres como Eligio Hernández; un jurista cargado de humanidad, capaz de manifestar que todas las instituciones, incluida la judicial, deben tener sus contrapesos; es decir, sus mecanismos de control. Una decisión errónea por parte de un juez puede subsanarse con otra justa. En cambio, si rompemos el sistema, si no admitimos -en contra de lo que piensa el periodista de las checas- que una persona es esencialmente inocente hasta que la condena el tribunal de máxima instancia, nos sobran todas las sentencias -buenas o prevaricadoras- porque habremos alcanzado ese mundo de hienas sin ley ni orden que mencionaba antes.

rpeyt@yahoo.es

 

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