DECÍA JOSÉ Antonio Primo de Rivera: "Amamos a España porque no nos gusta". Salvando las distancias, este modesto periodista podría responder a don Guillermo Hernández Dóniz, quien me envía una "carta abierta" que publica este diario en la sección "Cartas al Director", lo mismo referido a la Villa de Los Silos, para explicarle que se equivoca al dedicarme tantos calificativos totalmente injustos. Si se refiere a un comentario mío sobre el aspecto del litoral de la Villa, sólo he contado lo que sé y observa todo el mundo. No retiro absolutamente nada de lo que expuse sobre el desastroso aspecto de abandono que ofrece, en la costa, el que don Guillermo llama Ingenio de Daute. Creo entender que mi contradictor se inclina por la demolición del histórico inmueble, del cual ni tengo proyecto alguno ni he hablado del caso con un supuesto amigo de la Unesco. No gaste gratuitamente, don Guillermo, su ironía barata y guárdela para ocasión propicia, lo mismo que las cretineces de los visitantes de alpargatas y los silenses con taparrabos, que todo eso se lo ha inventado usted en un intento farolístico fracasado de antemano.
No recuerdo si, en el comentario que tan poco le gustó a don Guillermo, mencioné que la urbanización de Los Silos cara al mar ha sido trazada por arquitectos enemigos acérrimos de la Villa. Ahora, si lo he dicho, lo repito. Esos verdaderos telones ante el panorama marino casi en la misma orilla del mar donde estalla la ola son dignos de un enemigo encarnizado. Y ahí sí que pegaría una demolición inmediata si fuera posible.
Ignoraba que la antigua industria del azúcar fuera propiedad privada y albergara una explotación platanera. Lo del "ordeno y mando" -otra ironía suya- lo debió de ejercer, muchos años atrás, el ayuntamiento y hasta el Gobierno autónomo. Entonces se trataría de un bien municipal, donde podría reconstruirse lo que sería, a modo de museo, un conjunto monumental que sería único en la isla y puede que en Canarias porque no conozco algo igual en el Archipiélago.
Y como tampoco pienso retirar una sola palabra de lo que dije sobre el horno de cal y ya contesté al escrito de una señora sobre el caso del agujero de "observación ilegal" en la sede del ayuntamiento, me queda que decir a don Guillermo que adquiera un escudo viejo en un "rastrillo" de por ahí por si alguna de mis "flechas envenenadas" perdidas le alcanza por casualidad. Y si, con su influencia, usted consigue que me declaren "persona no grata" por decir las verdades, lo aceptaré resignadamente. En este oficio, uno está expuesto y acostumbrado a los efectos de la mala leche, con perdón, de los demás, en especial de los que se farolean.
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