SANGRE, SUDOR Y LÁGRIMAS. Es la aseveración, creo que de Churchill, más categórica que pueda haber para calificar que un proyecto, una quimera, un logro ha costado eso, todo un esfuerzo ímprobo.
A cuenta de la sangre, el ingenio popular ha dado con frases hechas, refraneros y latiguillos que hacen del líquido rojo que mueve las vidas una alegoría no tan lejana a lo que supone el combinado de hematíes, leucocitos y plaquetas varias para el motor de nuestras acciones humanas. Tajante ese "de mala sangre, malas morcillas", mientras que no hay más quebraderos para definir a los que ni mueven un dedo: "No tienes sangre en las venas".
Más dicharachero fue el invento para precisar que el destinatario tiene menos bríos que un perezoso y es ese de "sangre horchata", que, la verdad, no sé si sólo se elabora con chufa. Y es que, a menudo, estos de "sangre de horchata" se lo toman todo a la chufa -yo estoy pensando ahora en más de uno-.
Esos latiguillos tendrán su explicación, demonio, como lo de "sangre azul", por ejemplo, que como no sea entintar y diferenciar así del bermejo lo que a todas luces es diáfanamente igual en todos los seres humanos,...
El que siempre me impresionó: "La letra con sangre entra"... ¡Glub! Me daba tirria esta sentencia y siempre la vi desmesurada, hasta que la vida te va dando pistas de a dónde hemos venido y cómo hay que espabilar.
Pero, nada tan terrible, tan espantoso con el símil del significado real y crudo de cuando se "derrama sangre". Nada como eso. Recrear en la imaginación lo que se da por llamar "baños de sangre", generalmente de personas inocentes y por causas que no valían ni una gota, hacen que el líquido vital se enrojezca más. De tanta vergüenza.
*Jefe de sección de EL DÍA
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