CUANDO una persona no acostumbrada a asumir riesgos con banda ancha en su vida profesional evalúa inconscientemente el rol que puede esconderse tras la palabra "empresario", identifica rápidamente a un fulano gordo con puro, que va a los mejores restaurantes (un día sí y otro también), que tiene un pedazo chalet, un pedazo todoterreno Mercedes, un fueraborda, con sus hijos estudiando en Washington, querida y un afán desmedido por ganar dinero exprimiendo siempre a los pobres trabajadores que demandan un mínimo de compromiso con los derechos que les conceden las leyes y a los que tiene literalmente reprimidos. Que habla en plan apisonadora, con manías o excentricidades demasiado costosas en las que se espalilla un Potosí, sin escrúpulos y que nunca jamás tuvo fallo alguno. Estos elementos desalmados, encajados políticamente en la derecha más recalcitrante, son capaces de engañar cada vez que cuadra a las administraciones que combaten para que no se desmadre su continua estafa al fisco común y se mantengan a raya en las trampas "en negro" que con frecuencia ejecutan.
Cuenta, según este marco del concepto, con la capacidad de ser un macho o hembra "alfa". Siendo "alfa", señal que muchos atribuyen a un factor de nacimiento parecido al que tuvo el aristócrata mongol Gengis Kan, te convertirías en líder de la manada, partiendo el bacalao y teniendo acceso a todas las alabanzas y prebendas, tipo peloteo, que el grupo pueda ofrecer, ya que el que parte y reparte tiene la mejor parte, estallando a tod@s. Por definición se supone que el empresario está exento de mancharse las manos en tareas cotidianas como ir por el café o cargar un mísero bulto. Llegados aquí, la palabra empresario puede identificarse con un pequeño dictador iluminado. Es un jefe, un boss, un adelantado que manda a la tropa. El jefe no duerme, descansa. El jefe no come, se nutre. El jefe no bebe, degusta. El jefe nunca llega tarde, lo retienen. El jefe nunca lee el periódico durante el trabajo, se informa. El jefe no mantiene relaciones sexuales con su secretaria? la educa. Se entra en el despacho del jefe con ideas propias, se sale con "sus" ideas. Nunca se critica al jefe, menos si se percibe un sobre añadido...
Puede ser cierto que hubiera alguno o algunos con esa foto, yo les cuento lo que he visto generalizadamente en el tipo más abundante en la sociedad: se levanta muy temprano para ayudar a su pobre mamá? (canción de Marco en un pueblo italiano), prácticamente no ha dormido nada porque ha estado dándole vueltas como un poseso a cómo convencer a la entidad financiera para descontar el papel que por concentración de riesgos no le atienden y salvo que deje el 50% en depósito en fondos hasta el vencimiento a 90 y 120. Cosa que no puede hacer, ya quisiera, porque lo necesita para completar nóminas antes del día cinco. La central de riesgos no deja margen de maniobra. Generalmente toma pastillas, su formación y experiencia jamás le hicieron suponer que iba a enfrentarse a una situación como la que se vive en la actualidad, en la que él cree no merecer carbón porque siempre intentó gestionar con cabeza. Ha caído toda la plataforma en la que actuaba. Vende un 30% menos que lo que vendía hace un año, que ya era otro 30% menos de lo que vendía hace dos. No le pagan lo que le deben, entre ellos un ayuntamiento y varias entidades públicas o "semipúblicas". Por su actividad tiene que viajar a la Península, eligiendo los vuelos más baratos, veces a la una de la mañana con periodos tirado en los recintos para conseguir conexiones económicas. Se aloja en Barcelona en una pensión de mala muerte, eso sí, limpita como una patena. Pacta siempre que lo reciban temprano para comenzar gestiones a las ocho de la mañana y regresa lo antes posible. Había comprado por 225.000 euros un pisito en Candelaria que desde hace un año y medio puso a la venta sin éxito. Hay una inmobiliaria que le ha dicho que un cliente suyo le ofrece 125.000 euros (pero anulando la hipoteca se va a quedar ras con ras y no puede compensarle). Aguantará mientras pueda. Desde hace tiempo en su vida privada no va a comer fuera y mucho menos al cine.
En fin, eso es lo que he visto, no lo otro.
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