D. BARBUZANO, La Laguna
El 26 de julio de 2009 se daba a conocer que la plaza del Adelantado se había convertido en la casa de dos indigentes, Eduardo González Santana y Francisco Javier Hernández González, de 39 y 43 años, respectivamente, para quienes la pobreza se había convertido en una forma de vida ante la carencia de los recursos para satisfacer sus necesidades más básicas.
Esos dos hombres vivían al aire libre y al cobijo de los soportales del edificio de los juzgados. Ayer, al ir en busca de dichas personas, se confirmó que Francisco había muerto y que su compañero, Eduardo, vive ahora con más indigentes, quienes explicaron que la crisis económica y el aumento del paro están motivando que cada día haya más pobres viviendo en la calle.
Ahora, dado que han comenzado las obras de demolición de los juzgados, en los soportales del antiguo Mercado Municipal Eduardo González duerme con Javier y Ricardo. Este último, de 35 años, tiene una casa que le dejaron sus padres, pero prefiere vivir con sus compañeros indigentes para cuidarlos y velar por su seguridad. Se gana la vida con lo que le dejan los ciudadanos al aparcar sus coches en la trasera del mercado.
El cuarto indigente se llama Fermín y vive en la plaza del Adelantado. Duerme solo en un banco de piedra de dicho lugar de esparcimiento. Ayer, a las 11:10 horas aún no se había despertado.
El quinto "sin techo" ha escogido para vivir los cañaverales próximos a la subida de San Roque y el sexto duerme en la trasera del hotel Nivaria o en los portales del ayuntamiento, aunque suele trasladarse a la zona de la Finca España. Se llama Pedro.
Este periódico fue testigo de un séptimo indigente que debe vivir por las inmediaciones de la Villa de Arriba, pues a las 21:00 horas estaba lavándose en la fuente de la plaza de La Concepción.
Mucho más que basura.- Ricardo tuvo duras palabras para los Servicios Sociales del Ayuntamiento de La Laguna por "considerarnos como una carga y, lo mismo que la gente, creer que somos una basura, ni siquiera nos miran como a delincuentes, cosa que no somos, pero que parece que respetan más. ¿Es que para el grupo de gobierno es más importante una obra que la vida de una persona?".
Todos los indigentes coincidieron en que "no es correcto que una ciudad de la categoría de La Laguna, que es Patrimonio de la Humanidad, no tenga un albergue municipal. Un lugar donde poder dormir, asearnos y comer".
Sobre la comida, estos indigentes destacaron que "hemos pasado hambre, ya que sólo nos echamos algo a la boca gracias al comedor de San Vicente Paúl, pero en el desayuno y en la cena nos tenemos que refugiar en el vino para olvidar penas y engañar al estómago".
Las preferencias.- Eduardo no entendió igual que Ricardo los motivos "por los que el Gobierno apoya a los inmigrantes antes que a los que hemos nacido en esta Isla. Creo que hay una gran discriminación. Lo sentimos si nos toman por racistas, pero no tenemos nada en contra de quienes vienen de fuera, pero primero las autoridades tienen que cubrir las necesidades de los nacidos en esta tierra".
Al preguntarles cómo lo pasan señalaron que "la vida en la calle es muy mala y dura, donde el frío y el hambre son nuestros peores enemigos, sin olvidar el riesgo que corremos de ser asesinados o golpeados mientras dormimos".
Estos indigentes quieren que el ayuntamiento construya un albergue municipal y recordó al grupo de gobierno "que este tipo de edificios no son un aparcapobres como se ha dicho, sino un lugar digno donde podamos gozar de una calidad de vida igual que el resto de los ciudadanos". Añadió que seguir en la calle sólo incide cada día más en un deterioro de su nivel y calidad de vida, al carecer de una buena alimentación, una vivienda o agua potable para el aseo personal.
Indicaron que los Servicios Sociales deberían hacer salir a la calle a sus trabajadores y al menos que se "ocupen de darnos un desayuno y una cena, o velar por nuestra salud".
Robar para vivir.- Ricardo habló de su vida y de las dificultades por las que ha pasado: "Viviendo en medio de una gran pobreza y con siete hermanos, me fui a los 13 años de mi casa, creyendo que iba a buscar una solución a mis problemas. Al final no llegó el trabajo y viví en la calle durante 22 años consumiendo drogas. Llevo un año sin tomar dichas sustancias.".
Pedro, de 30 años de edad, dijo que tenía a su mujer en la cárcel por robar para dar de comer a sus tres hijos, de 2, 6 y 8 años de edad. También ha dejado las drogas.
Tras abandonar la plaza, Eduardo saludó bebiendo vino, para matar el hambre por llevar casi 24 horas sin comer.
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