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JOSÉ MELCHOR HERNÁNDEZ CASTILLA *

Las cruces de las carreteras en el Valle de La Orotava

* Secretario de la Asociación Wolfgang Köhler
8/ene/10 7:37 AM
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EL SÍMBOLO de la cruz no es un patrimonio exclusivo de la cultura occidental. Otras culturas lo han utilizado y usan con distintos significados. En la época de los romanos, la palabra "crux" (cruz) se refería a un "palo en posición vertical".

La Fiesta de la Cruz se celebra el 3 de mayo, y parece que ésta tiene su origen en el supuesto hallazgo, por santa Elena, de la cruz donde murió Cristo; y que este símbolo ayudó al emperador romano Constantino I el Grande (hijo de santa Elena) a vencer a los bárbaros ("In hoc signo vincis": "con esta señal vencerás").

La exaltación a la cruz acontece en muchos municipios de esta isla y fuera de ella; sin embargo, en al menos tres lugares del Valle de La Orotava difieren en sus formas. El 2 de mayo, en La Cruz Santa (Los Realejos), los vecinos exponen las cruces en sus casas, y éstas son visitadas libremente por los viandantes. Quizás éste es el origen de la aparición de las cruces adosadas a las paredes de las casas o de las cruces de las capillas, que se hallan en gran número en el Puerto de la Cruz. Esta localidad celebra el 3 de mayo la Fiesta de la Cruz y su propia fundación. En la misma fecha, las calles del Sol y del Medio (Los Realejos) engalanan sendas capillas con magníficos adornos florales; y estas mismas calles concluyen, por la noche, con el mayor espectáculo pirotécnico de Canarias.

El sitio con más cruces suele ser el cementerio. Así, el cementerio de San Carlos o cementerio católico (en frente del castillo de San Felipe), en el Puerto de la Cruz, fue inaugurado por la fiebre amarilla de 1811 (su pórtico es de 1813); no obstante, el otro cementerio, el protestante o La Chercha (al lado de la comisaría nacional de Policía), ya se había instituido alrededor del año 1676. Esta diferencia cronológica se debía, en mayor medida, a la costumbre católica de enterrar a los fallecidos en los templos. La fiebre amarilla, en ese tiempo, levantó en el camposanto de San Carlos 680 cruces de los 2.642 afectados por la enfermedad, de una población total de 3.177 portuenses.

En el Valle de La Orotava podemos visualizar, ocasionalmente, pequeñas cruces, placas o ramos de flores en lugares específicos, al borde de la carretera. Estos lugares nos recuerdan accidentes de trágico con pérdidas humanas de insustituible valor para sus seres queridos. Algunas vías como la del Botánico, Las Arenas, La Perdoma, Icod el Alto o el Teide, sin menoscabo de otras, presentan esta singularidad. En nuestro caso, no podemos desdeñar su presencia, y nos lleva a reflexionar que el tiempo que aparentemente es nuestro realmente es prestado y efímero; y, por consiguiente, es un regalo que no debemos malgastar en quejas y mal humor, sino más bien al contrario, en optimismo, trabajo y colaboración con todos los seres allegados.