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El gallo de la Rambla

28/dic/09 07:29
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1.- Canta un gallo en la Rambla de Santa Cruz, único habitante de cualquier huerta urbana y residual, y aparecen pasquines para que el Ayuntamiento lo elimine. Resulta que Santa Cruz vuelve a ser lo que fue, un pueblo, gracias a un gallo guardado en un jardín, y la gente rechaza su canción a destiempo, trastocada por los ruidos, las luces y las sombras de la ciudad. Estoy con ese gallo, que nos ha devuelto a la historia, como estuve con el gallo albino de mi novela, que se volvió blanco de ingerir leche materna, picoteando al descuido en la comisura de la boca de un niño. Ese gallo ramblero tiene que sobrevivir a todo lo que algunos, por lo que se ve, detestan, que es volver a ser lo que fuimos, siquiera con el pensamiento. Esa Rambla está llena de loros y de búhos y ahora aparece un gallo solitario y melado, amoroso y torpe, cantando cuando debe llorar y llorando cuando debe cantar. Desde su jardín no ve la calle, lo cual para él es un alivio porque de esa forma se oculta de sus perseguidores implacables, que pretenden llevarlo a la olla. Si ese gallo sobrevive a la Navidad, época de sopas de ave y de otros manjares exquisitos, habrá ganado su batalla particular contra la adversidad.

2.- Canta el gallo en la Rambla, heredero quizá de aquellos giros reales que vagaban por los corrales de la cercana plaza de toros, en los días de corrida, paseando por entre las patas de los morlacos y aliviando el dolor de su espera con breves cantos. Animales de extraordinaria presencia, de altiva apariencia, de mirada rápida y fintas precisas, certeros en el arte de la pelea, que detesto. Es bonito contemplarlos vivos y hermosos y no derrotados y moribundos, acurrucados en un rincón del campo de batalla, el plumaje lleno de serrín ensangrentado. No más peleas de gallos; sí a los simulacros con corchos en las espuelas y retirada a tiempo por sus cuidadores. Sólo un gallo en la Rambla, porque sólo ha de haber un gallo por gallinero y la Rambla ya no tiene huertas que patear, si acaso algunos bellos jardines de los chalets cercanos, donde otro tipo de fauna sobrevive a los humos de los coches.

3.- ¿Por qué quieren ajusticiar al gallo de la Rambla? Que nadie se atreva a capturarlo para la olla. Su canto acerca el campo a la ciudad, bien es verdad que su canto no tiene horario ni calendario y que lo mismo aparece en la siesta que en la cena, sin orden ni concierto. Mas, ¿qué se le va a pedir a un gallo urbano, fuera de época, desacostumbrado y lerdo? Explota la ciudad fuera de la huerta y los pasquines han sido retirados por los gamberros de la Nochebuena. Han indultado al gallo de la Rambla, han retirado los carteles de "se busca". El animal sobrevivirá a la barbarie. Una buena noticia para este final del malhadado 2009.

achaves@radioranilla.com

 

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