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CARTA A PEPE IGNACIO ANTONIO ÁLVAREZ

Devolver confianza: objetivo 2010

28/dic/09 07:29
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SE CUMPLIERON los peores pronósticos del año que concluye. España ha pasado de ser el país del "milagro económico" a situarse entre los que más difícil tienen la salida de la recesión y el estancamiento que tan duramente han golpeado, sobre todo a los más de cuatro millones y medio de parados.

Los mismos que negaron la existencia de la crisis antes de las elecciones de 2008 son los que ahora nos aseguran que la salida de la recesión es inminentemente -Zapatero dixit- o que para el último trimestre del año que se inicia, nuestro crecimiento no será negativo. "Estará por encima del cero", afirmó esta semana la ministra de Economía y Hacienda, el día en que se aprobaban los Presupuestos Generales del Estado, con el apoyo al Gobierno del PNV y Coalición Canaria.

No queremos, Pepe Ignacio, amargarle las uvas a quienes tengan la paciencia de leer esta misiva que te enviamos sobre lo que nos sucede en este valle de lágrimas, pero a juzgar por los mismos datos publicados por el CIS, que como recordarás depende del Gobierno de España, parece que la desconfianza en los políticos es la tercera de las preocupaciones de los ciudadanos, después del paro y la crisis económica. Nada nos podría alegrar más que tuvieran razón los voceros gubernamentales que intentan de nuevo engatusarnos, a través de su monopolio mediático, asegurándonos que "el Gobierno ha hecho lo que tenía que hacer", aunque no comparten esa opinión los ciudadanos preguntados en las encuestas -que ellos mismos controlan- ni los organismos internacionales.

* * *

Al concluir 2009, en vísperas del "acontecimiento planetario" de que Zapatero presida vicariamente la Unión Europea, nadie da un duro por la rcuperación que sus portavoces anuncian. Ni siquiera el Banco de España, ni la propia UE, que nos ha tenido que dar un regalo de tregua hasta 2013 para que se cumplan las condiciones del Pacto de Estabilidad y nuestro PIB crezca de nuevo por encima del 3%. Ni creen las instituciones que miden la confianza en nuestra economía, sean agencias de calificación de la deuda que emite el Reino de España, ni otros organismos internacionales, como el FMI o en Banco Central Europeo.

Porque lo que sigue faltando es la confianza. Los españoles no tenemos fe en nuestra capacidad para salir de la crisis, y mucho menos en los que tienen la obligación de marcarnos el rumbo para afrontarla. Los cientos de miles y miles de millones de euros empleados en asegurar la estabilidad del sistema financiero, ése que ZP exaltaba como el más sólido del mundo mundial, no han servido para que los creadores de empleo inviertan de nuevo. El empleo temporal y precario del plan E no han evitado la sangría de los que cada día engrosaban la lista del paro, estuvieran o no anotados por el INEM. La prestidigitación estadística del Ministerio de Trabajo para disfrazar la realidad de que más de un veinte por ciento de nuestra población activa se encuentre en paro no les va a devolver el +uesto de trabajo perdido. Y los Presupuestos del Estado para 2010, con subidas de impuestos, tasas y servicios como los que empezaremos a sifrur el próximo viernes, según todos los economistas independientes, no serán suficientes para iniciar la ansiada reactivación creadora de empleo.

* * *

Aunque los oropeles y guirnaldas de las fiestas del solsticio de ivierno, como pretenden llamar los laicistas a la Navidad, tapen por unos días la cruda realidad, lo cierto es que ese veinte por ciento de parados lo tienen muy difícil para sobrevivir a la crisis. Por mucho que intenten entrenerles con subsidios temporales y ayudas de una caja que empieza a llenarse de talarañas, porque se ha sacado de ella más de lo que se ingresaba y las subidas de impuestos no van a ser suficientes para lograr tanto gasto.

Los políticos de todo signo, lejos de recortar los gastos, no dan muestras de austeridad. Tanto el sistema autonómico como el Estado y los municipios estén en quiebra. No sólo públicamente, por el asalto a la Constitución que supuso el Estatuto catalán, y los que le copiaron para no ser menos, así como los separatistas, independentistas y foralistas que pretenden sobrepasarlo, sino porque España no dispone de los recursos necesarios para sufragar tantas administraciones. No hay suficiente iniciativa empresarial, creatividad y competitividad para volver a crear empleo. Las empresas que a duras penas se mantienen sobreviven gracias a las facilidades judiciales, gubernamentales y sindicales para despedir, a pesar de los caros que salen, según los empresarios, los expedientes de regulación de empleo.

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En esas condiciones, España no dispone, porque se lo han cepillado, de tejido empresarial suficiente para crear los empleos necesarios para reabsorber, sobre todo, a los parados de larga duración que aún se encuentren en edad y formación para competir y a los jóvenes que no han tenido ocasión de entrar en el mercado laboral, o que apenas acababan de ingresar cuando les han expulsado del mercado de trabajo. No será nada fácil reconvertir a esa masa de parados que representará a finales del año próximo, según los pronósticos más fiables, a más del 22 por ciento de nuestra población activa.

El Gobierno y las fuerzas sociales y sindicales tienen que hacer un esfuerzo no sólo por crear un mercado laboral estable y competitivo, sino que han de dar ejemplo con sacrificios paralelos a los que les imponen a los ciudadanos con las subidas de impuestos. Tienen que renunciar a sus privilegios. Si queremos competir, todos hemos de aceptar recortes en las vacaciones, evitar el absentismo laboral, esforzarnos en la formación permanente y en la práctica de los valores cívicos del esfuerzo y la solidaridad. Justo lo contrario de lo que nos predican a diario unos poderes públicos que sólo usan el presupuesto para perpetuarse en el poder. Tienen que entender que efectivamente Hacienda somos todos, y que los subsidios y las prestaciones sociales salen de la misma caja.

En definitiva, que nuestro apenas disfrutado estado del bienestar sólo se puede mantener si aprendemos a no despilfarrar los recursos públicos y a imponer los recortes necesarios. Y eso pasa por un cambio radical en la educación y las costumbres. Las pensiones, las becas, las ayudas a los que demuestren que se esfuerzan personalmente y están dispuestos a ayudar a la comunidad pasan por un consumo resopnsable, tanto por los ciudadanos como por parte de las administraciones públicas, las empresas, los empresarios, los sindicatos, las organizaciones sociales... Hay que restablecer los valores del ahorro y del respeto a los demás. Eliminar los malos hábitos de que lo importante es "trincar"..., el sálvese quien pueda y el que venga atrás, que arree.

 

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