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EN EL CAMINO DE LA HISTORIA JUAN JESÚS AYALA

La antipolítica

28/dic/09 07:29
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LA POLÍTICA es creatividad. Es el diseño de un magnífico cuadro que se elabora con acentuada profundidad en aras a adelantarse a los acontecimientos. La gestión en nada se parece a la política, solo es un trazo, quizás el menos significativo de ese cuadro. Generalmente se confunde política con gestión. El político claro que puede gestionar, pero lo que produce un gestor en nada tiene que ver con la política; este jamás será político.

Hay academias y universidades para perfilar y acondicionar esta o aquella materia encarrilada hacia la gestión. Hay academias y universidades con pretensiones de enseñar la política. Lo que es un error. Esta no se enseña. No se trata de hacer acopio de conocimientos para luego ponerlos en práctica. La política se escapa de los libros, de las academias y de las universidades. La política se nutre de conocimientos, claro que sí, pero eso sólo es un cuerpo, un peldaño desde el que se puede iniciar la escalada, pero nada más.

¿Y la antipolítica, qué es? Si damos un repaso por el mundo se aprecia que lo que manda, lo que incide y condiciona es, precisamente, la antipolítica. No hay limpieza en el pensamiento hacia la búsqueda de la creatividad, no existe individualismo, lo que predomina es una estructura colectiva plagada de asesores (el presidente del Gobierno español tiene 600, y no digamos los ministros) y de poderes fácticos que determinan que el político se posicione de una manera u otra. Un político que se adelgaza, rodeado de dimes y diretes, ajeno a sí mismo, es el más fiel promotor del antipolítico y ahí precisamente empieza y se gesta la antipolítica.

La antipolítica es un alarde de individualismo, paradójicamente, colectivo, ajeno al resto, a los que circulan por la calle, que, estupefactos, se miran unos a otros y no comprenden que las cosas sean como son.

Cuando se suprime en cualquier tipo de negociación un proceso pleno de lógica y creatividad y se arrumba hacia el campo de la verdad absoluta, cuando se trasforman las cuestiones en una maniquea lucha entre el bien y el mal, entre moralismo y antimoralismo, quizás ahí se está dando entrada por la puerta falsa del entendimiento humano a la antipolítica.

La antipolítica define determinadas posiciones, se aparta de la universalidad, se acantona en el espacio concreto de este o aquel al que hay que respaldar y no enfadar. La antipolítica se hace y toma cuerpo cuando, desde el pronunciamiento donde dicen que las cosas se hacen por el bien general, se ve que se dirigen para aquí o para allí.

La antipolítica, que es lo que más se vende, debería acordarse de sí misma a través de los personajes que la verifican y volver a sus orígenes y, aunque sea muy difícil retroceder en la historia, al menos intentar ir hacia la búsqueda de la elegancia y estilo perdidos.

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