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ENRIQUE MARTÍN BRAUN

Tiempos amargos

23/dic/09 07:39
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GRACIAS al dinamismo demostrado a lo largo de este año por el presidente Zapatero, plasmado en una serie de improvisaciones aceptadas y propaladas por él mismo y, horas más tarde, desenmascaradas por la realidad diaria incrustada en nuestras depauperadas economías en forma de importante cachetón, despertador del abobamiento continuo al que venimos siendo sometidos, implacablemente, los ciudadanos de este país por el encantador de serpientes leonés (la tierra no es del viento, es de la banca), gracias, decimos, a esa aplaudida cualidad, mañana no será, para muchos, un tiempo lleno de encantos que pueda calificarse como bueno. Más bien será una mala noche para aquellos que, por las equivocaciones políticas, económicas y sociales (los responsables de esta situación harán uso, con alegrías excesivas, de una despensa bien surtida), tendrán que privarse de alguna que otra tradición, aunque ésta signifique, simplemente, montar un austero portal de Belén doméstico. Problemas de todo tipo que han surgido durante este 2009 reducen a carencias y tristezas muchos encuentros de familiares y amigos que, de haberse elegido el camino adecuado, estaríamos ante reuniones festivas. Los canarios, es cierto, somos capaces de saltar por encima de estas estrecheces impuestas y, con poco, levantar un escenario atractivo.

En este ambiente navideño, ha sido cruda la tortura psíquica por la que han atravesado, últimamente, algunos de los miembros del grupo de gobierno del Ayuntamiento del Chicharro pertenecientes al partido-esquela, es decir, Coalición Canaria, que, de no haber obtenido la ayuda de los "populares" y del solitario voto del CCN, hubiesen tenido que dedicar el veinte por ciento de su mísero salario (un millón de pesetas mensuales de media, más gastos, más tarjetas, más coches, más móviles y otras menudencias) a asuntos sociales. Nos comentaron que varios de ellos preguntaban, angustiosamente por todos los pasillos y despachos de la Casa de los Dragos que si el rumor era verdad, que si les iban a raspar los dineros... Gracias a una trayectoria pancista, durmieron tranquilos, mientras el destino de los 250.000 euros que podían haberse ahorrado de los sueldos y entregado a instituciones benéficas quedó en el bolsillo de los que mañana por la noche abrirán sus neveras repletas de chucherías modestas. Quede como ejemplo vergonzoso grabado en el currículo de esos ediles, que el comedor social La Milagrosa ha dejado de recibir este año una cantidad estipulada y aprobada por el propio ayuntamiento chicharrero para 2009 y que ascendía a 30.000 euros destinados a servir una comida diaria a unas cien personas que no tienen a dónde acudir.

Pero esto no tiene la menor importancia. Lo mismo que en La Moncloa y en todo el andamiaje del Estado de las Autonomías, en el Consistorio capitalino no existe el paro y sí los dispendios, ahora motivo de indagaciones iniciadas por Ciudadanos que, contagiados por el ambiente reinante, tampoco han renunciado a su 20 por ciento correspondiente. La escasa iluminación de las calles de Santa Cruz descubre un indicativo de la fórmula adoptada para ahorrar dineros: restar de todos los capítulos, incluidos asuntos sociales, menos de los sueldos de los concejales. Estos, ¡ni tocarlos!

Son sólo dos escenarios actuales y algunos de sus actores que, indudablemente, a través de sus hechos, influirán en el cómo pasarán la noche de mañana infinidad de conciudadanos. Pero, además, no queremos terminar estas líneas sin dedicar, como cada año por estas fechas, un cariñoso recuerdo a un espécimen producto de nuestra sociedad llamado "ruin". Es un despreciable cuyas virtudes están basadas en hacer el mayor daño posible a los demás... durante todo el año. Para ello utiliza un puestito privilegiado conseguido con artimañas que avergonzarían al más curtido. No estamos hablando de singularidades ni de casos aislados. Ése es el problema. La multiplicación de estos fulanos y fulanas, que van contaminando personas y espacios, destruyendo, allá por donde pasan y pisan, amistades, compañerismos y empresas, creando climas laborales irrespirables, son los responsables innombrables de la cizaña que se extiende por doquier y que ensucia los lugares donde se reúne la gente de bien. Suelen portar una especie de estigma que los delata: la sonrisa hipócrita. Son reconocidos por la mayoría y ésta les sigue el juego, con lo cual, ellos y ellas, los ruines, creen que continúan engañando. El personaje histórico que mañana engloba la festividad que se celebra dijo que incluso a éstos había que amar. Nosotros, por descontado, no estamos preparados para semejante trance.

 

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