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LUZ EN EL CAMINO FERNANDO LORENTE, O.H. *

El espíritu de Navidad

23/dic/09 07:39
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DESPUÉS de dos mil años que la Humanidad sigue celebrando el nacimiento de un pobre niño hebreo en los arrabales de una aldea de Judea, sin la referencia a lo sobrenatural y misterioso no sería posible comprender y vivir este acontecimiento tan humano como divino. Estos son los hechos:

-Aquel humilde acontecimiento, insignificante desde el punto de vista del mundo, introdujo la verdad y el significado de la Historia del hombre sobre la Tierra. Ese niño pobre que nacía aterido de frío en un establo, en la última esquina del más formidable imperio de la Antigüedad, era nada menos que la manifestación del amor de Dios a los hombres. "Tanto amó Dios al hombre que, llegada la plenitud de los tiempos, le dio a su hijo Unigénito".

-Navidad no es sólo la fiesta de la fraternidad ni de la solidaridad, ni la hora de la buena voluntad y los deseos de paz, ni el día de la familia o de la amistad. Navidad es el día de la verdad y la esperanza, la conmemoración del más trascendental acontecimiento de la Historia: el Dios que se reviste de humanidad, se hace prójimo, como un padre, como un hermano. Eso, y no otra cosa, es lo que celebramos cada año en la madrugada de cada Navidad: "Dios está con nosotros".

-En memoria de aquel acontecimiento feliz, esta Nochebuena de 2009 asistirán también millones de seres humanos en todos los países, como cada año, a la Misa del Gallo. Tradición que se impone -también en nuestro tiempo- con fuerza renovada entre los jóvenes en la noche más hermosa del año, sólo superada por la confirmación gloriosa de la esperanza en la Vigilia de la Pascua de Resurrección. Pero Dios no es patrimonio exclusivo de los cristianos ni de nadie. Por eso la Navidad es una fiesta para toda la Humanidad entera, al menos para todas las personas de buena voluntad.

-En España, como en tantas partes del mundo entero, se enciende la luz de Navidad y se instalan en los hogares, en las calles y en los centros asistenciales -como en el de S. Juan de Dios, ya más de medio siglo-, belenes y árboles, lo que hace que este mundo parezca, por un momento, más habitable y mejor. Pero, lamentablemente, no es así. Las guerras se mantienen o se amenaza con otras nuevas. No se vencen los terrorismos o se temen otros. Se aumentan el sufrimiento de millones de niños en la esclavitud del hambre y en no dejarles nacer por parte de sus propias madres, al amparo de las leyes sectarias como la aprobada recientemente en España. Esta situación nos atestigua la inhospitalidad del mundo en que estamos o podemos llegar.

Y todo porque no acertamos a vivir unas Navidades verdaderas y sinceramente austeras que prolonguen su mensaje durante todo el año, porque nos acostumbramos a que brillen las luces en nuestras calles y en nuestras casas, pero no en nuestras conciencias, porque hemos sustituido la fiesta universal de la alegría y la esperanza por la apoteosis del consumo, es decir, por lo más opuesto al humilde suceso de Belén.

Termino este espacio, "Luz en el Camino" recordando este hecho: "al término de la representación de uno de sus magistrales oratorios religiosos, un aristócrata inglés agradeció a Haendel la maravilla de su música, comentando lo entretenido que había sido el espectáculo. El gran compositor contestó, revelando la intención de la obra: "Lamentaría, señores, entretenerles únicamente. Deseo hacerles mejores".

Este es el espíritu de Navidad: la palanca hacia la verdad y la belleza, la lucha contra el sufrimiento y la injusticia del mundo. Cualquier día que alguien sufra puede ser Navidad.

* Capellán de la clínica de

S. Juan de Dios

 

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