CON CIERTA displicencia se ha tomado siempre Ricardo Melchior nuestras reiteradas denuncias sobre el trato desequilibrado que el Cabildo dispensa a los municipios según éstos tengan un gobierno nacionalista o popular, o socialista, como queriendo negar su veracidad mediante un silencio indiferente. No obstante, y como dicen los ingleses, los actos hablan más alto que las palabras, y con el comportamiento del Cabildo en el Puerto de la Cruz las últimas semanas estamos escuchando auténticos gritos de desigualdad.
Desde que Marcos Brito se hizo con la alcaldía, de nuevo por sus métodos habituales, esto es, sin refrendo de las urnas, hemos visto todas las semanas a algún consejero o representante del grupo de gobierno acercarse por el Puerto de la Cruz a impulsar, promover o desbloquear algún proyecto por el que apenas mostraron interés cuando la alcaldía la ocupaba la socialista Lola Padrón. Ya sea la necesaria rehabilitación del sector turístico, el acondicionamiento de la tercermundista estación de guaguas o, lo más reciente, la mejora en la carretera del Botánico, al Cabildo le ha entrado de repente una súbita fiebre de amor por el Puerto de la Cruz que no le aquejó en ningún momento entre mayo de 2007 y octubre de 2009.
Esto es una afrenta a toda la ciudadanía, no sólo a la de Puerto de la Cruz, que ha visto cómo su decisión, democráticamente expresada mediante las urnas, ha sido ignorada por una Administración insular a la que, en deseables circunstancias de higiene institucional, se le suponía un respeto a los ayuntamientos, fueran del color que fueran. Y además, esta actitud refrenda, punto por punto, las denuncias que, incansables, hemos hecho los socialistas desde hace años, especialmente cada vez que tenemos el presupuesto insular delante: que a los ciudadanos se les castiga o se les premia en función de lo que hayan votado. Nivelazo democrático el que exhibe el presidente, sin duda.
Esto no es lo que merecen los tinerfeños. Este despliegue injustificable de favoritismos nos avergüenza y nos hace pensar en que ni CC, ni mucho menos Ricardo Melchior, tienen idea de hacia qué modelo de Isla avanzan. O peor aún, la tienen. Una Isla en la que se amanse a los ciudadanos privándoles de las inversiones que necesitan, ahogando a sus ayuntamientos para que aprendan a quién conviene dar el voto y a quién no, una Isla en la que se perpetúe un modelo de votante pesebrero y pasivo, temeroso del poder e incapaz de hacerse respetar.
Los socialistas nos negamos a aceptar ese sistema, y por eso articulamos el nuestro propio. Creemos en un modelo de Isla equilibrado, en el que las inversiones se distribuyan conforme a las necesidades de los municipios, bajo criterios objetivos, sin amiguismos abochornantes. Esto es lo que ofrecemos a los tinerfeños, una Isla en la que Norte y Sur cuenten al mismo nivel que el área metropolitana, donde los ciudadanos ocupen el primer plano, atendiendo a lo que demandan y necesitan, no a lo que el presidente del Cabildo tenga a bien concederles graciosamente.
A los cínicos les faltará tiempo para decir que, con Marcos Brito o con Dolores Padrón, lo importante es que los proyectos para el Puerto de la Cruz salgan adelante. Ese argumento de conformistas no nos vale; lo importante es que se respete la voluntad que sale de las urnas y que las instituciones piensen en los ciudadanos antes que en la conveniencia de los partidos. Si Ricardo Melchior se aplicase esa filosofía, los proyectos para el Puerto de la Cruz habrían salido adelante hace mucho tiempo.
* Portavoz del Grupo Socialista en el Cabildo Insular de Tenerife
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