1.- Lo peor del paso de los años es que no eres consciente de que estás llegando a viejo. Vive uno en la eterna confusión entre la voluntad y el deseo y no notas que te fallan las fuerzas, ni que no puedes leer la letra pequeña de los contratos. Es cierto que la madurez te hace valorar más las cosas pequeñas y te ofrece una gran pantalla para observar. Que no intente nadie que un joven o una joven de 18 entienda nada, porque realmente no entiende nada, ni tiene el cerebro preparado para asimilar lo que ocurre a su alrededor. Para mayor inri, las redes sociales están acabando con la juventud. Una juventud que se pasa horas y horas ante el ordenador, quitándoselas a su propia formación o, sencillamente, al sueño. Hoy en día es tremendamente aburrida, y tantas veces improductiva, la educación de un chico o una chica de esa edad. Les da todo igual, no respetan nada, están en otro mundo muy distinto al que se tendrán que enfrentar en unos pocos años. ¿Qué será de ellos? ¿Por qué no se dan más armas a los padres y a los maestros para poder educar? ¿Por qué no se cambia la norma y se legisla con más firmeza, en un intento final de salvar a la juventud de este país? ¿Será realmente un problema de legislación?
2.- He hablado con muchos padres en los últimos meses, preocupado yo por el estado de la juventud. He querido saber si mi edad provecta, esa de la que les hablaba al principio, se ha entullado de intransigencia y ya no soy la persona tolerante y liberal de antes. Pero veo que todo sigue igual, que no soy yo el que ha cambiado sino que se está produciendo, por parte de la Internet y de sus redes sociales, una destrucción sistemática del tejido juvenil. Los chicos pierden muchísimas horas ante el ordenador, hablando huevonadas con otros que están a kilómetros de distancia. Pero verdaderas huevonadas, sin sentido, banalidades, fanfarroneando unos con otros y transmitiendo a los comunicantes lo que no son. Por lo general, no intercambian vivencias interesantes e instructivas, sino que sólo hablan de majaderías. Se trata de muchas horas restadas al sueño y al estudio. Y se pierde todo interés por el mundo y por sus problemas; los jóvenes no leen un periódico y ven basura en la televisión, cuando la ven. Afortunadamente hay también muchos otros conscientes, que no caen en la tentación del abuso de la red. Pero los adictos a las huevonadas son legión.
3.- Ignoro a dónde nos conducirán esas redes sociales y el consiguiente interés por lo banal. Desde luego, a ningún sitio bueno. Pero observo con verdadera preocupación el derrotero de nuestra juventud, de los chicos y chicas que serán mayores de edad cuando empiece el año 2010. A su escaso interés por aprender, por progresar y por formarse, uno en su contra un instrumento perverso para quien no pueda usarla con cabeza: la Internet. Cuidado, porque esto se nos está desmadrando.
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