COMO anticipé días pasados en esta columna, el Parlamento de Canarias, con el voto en contra de la oposición socialista, aprobó la nueva Ley de Comercio del Archipiélago. Este precepto legal que, me supongo, entrará en vigor pronto y que llega en un momento en que la liberalización comercial es más oportuna y conveniente, es la adopción, por parte de la Comunidad Autónoma, de la Directiva comunitaria de liberalización de servicios a su ordenación comercial. Para los grupos parlamentarios que votaron favorablemente la aprobación del texto legal, o sea Coalición Canaria y Partido Popular, la nueva ley establece "un equilibrio palpable entre el interés del consumidor, la ordenación territorial y la pervivencia de las empresas canarias".
Por la cara de regocijo que presentan presidente del Gobierno autónomo, consejeros y diputados en la fotografía que ilustra la información en este periódico, se nota que todos están satisfechos del acuerdo que permite la apertura libre de los comercios sin sujeción a días y horarios y, me figuro, la desaparición de obstáculos para la instalación de centros comerciales por parte de los que se creen monopolistas del sistema, que suelen ser las entidades que representan al autollamado "comercio tradicional", que abre cuando le conviene y no deja abrir a los demás, que, contrariamente a los establecidos "automandamases", están dispuestos a trabajar.
A propósito de prohibiciones, acabo de recibir en mi casa una atenta invitación de la que creo es la primera empresa de "descuento duro", que llaman, que va a abrir sus puertas en Canarias y lo hará en el municipio de Güímar. No tengo el gusto de conocer a los responsables de esa firma alemana, que ha visto levantado el veto de los comerciantes locales por intervención de la Unión Europea. Agradezco la invitación que, supongo, se debe al interés que he demostrado en esta columna por que la nueva empresa se establezca en el Archipiélago.
Aunque ya lo he dicho otras veces, recuerdo cuando aquí, en Tenerife, en especial el comercio hindú abría sus tiendas con ocasión de la escala de trasatlánticos en nuestro puerto, bien en cruceros turísticos, bien en viajes regulares, sobre todo los que servían rutas de ida y vuelta con América, incluidos los "trasatlánticos de la emigración", sobre los que mi querido y admirado compañero, que trabajó en este periódico Juan Carlos Díaz Lorenzo escribió un magnífico libro que conservo en mi modesta biblioteca. Estos barcos, solían recalar de madrugada y a esa hora abrían, sin fallar, sus tiendas los comerciantes hindúes a los que Tenerife y Canarias no ha pagado la gran deuda que tienen contraída con ellos por el auge que han dado al comercio de las Islas.
Ojalá la nueva ley haga retornar a nuestros establecimientos a aquellos viejos tiempos de la "edad de oro" comercial.
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