PARA los que, en algunos aspectos sociales y de educación, rememoramos parte del pasado, no deja de ser un singular atractivo la serie de televisión "Cuéntame". En ella, los que vivimos dicha época, evocamos con cierta nostalgia algunos de los hechos que se exponen en sus cuidados guiones.
Sin ir más lejos, resalto uno por la gran importancia que tuvo en su momento para desembocar en la prioritaria rivalidad hoy existente en los partidos que nos gobiernan. A diferencia de lo que hoy vemos a diario a través de los medios gráficos, sonoros y visuales, la España de anteayer fue un ejemplo de solidaridad entre partidos cuando hubo que arrimar el hombro y prescindir de los matices ideológicos para sacar adelante la Transición. Antes, como ahora, el país estaba necesitado de un consenso para desterrar los viejos demonios del franquismo e instaurar la democracia.
Sin embargo hoy, cuando se necesita de todas las fuerzas políticas para superar esta desastrosa etapa económica, vemos con estupor cómo los partidos sólo se dedican a despedazarse como lobos ante la opinión pública y en los foros legislativos, y a dirimir sus conflictos internos para su permanencia y continuidad en la siguiente legislatura. O lo que es lo mismo, para seguir disfrutando de ciertas prebendas y tocar el mayor poder posible, ante un pueblo sumido en el caos y la desconfianza mayoritaria hacia los que dicen ser los representantes de su soberanía. Aunque, a ojos vista, sea la mayoría una pandilla de arribistas impresentables, comenzando por este errático Gobierno nacional, con su presidente a la cabeza, que nos malgobierna. Carente ya de toda credibilidad.
Y como, a pesar de estos avatares, el río revuelto suele traer firmes ganancias a los pescadores oportunistas, existen los llamados "lobbies". Como los que de la misma manera quisieron dominar al recién nombrado director general de Agricultura, en la ficción televisiva, Antonio Alcántara. El cual, en un alarde de honradez, supo declinar regalos y adulaciones para presionar su decisión a la hora de adjudicar el presupuesto más oneroso para una obra pública a un determinado lobby de empresarios.
Cuarenta años después, en plena actualidad, los grupos citados siguen con el viejo estilo de siempre intentando manejar los hilos del poder desde la sombra, bien a nivel local, insular, regional o nacional. Y lo peor es que muchos lo consiguen enteramente, poniendo a su disposición licencias urbanas en lugares prohibidos o desarrollando planes sin los consabidos estudios de impacto ambiental.
Conozco a muchos de esos personajes, antiguos condiscípulos y herederos del oportunismo parental de la Dictadura, y ahora demócratas de toda la vida. Y a los otros que son producto de un retorno triunfal de la emigración en su mejor momento. Tanto estos como aquellos viven de forma paralela y ajena al fenómeno de la carencia social o económica de la clase media, motor de la economía. Desde sus conciliábulos conforman diferentes grupos de presión y se hacen favores mutuos para penetrar con éxito en el organigrama ejecutivo, legislativo y judicial. Y lo peor es que una gran mayoría de las veces lo consiguen con suculentos beneficios, pasando por encima de las normas establecidas. Aunque luego, cuando se destapan dichas acciones, toque pagar con el dinero de todos los contribuyentes.
En definitiva, esta lacra social que disfruta del don de la continuidad en sus hechos e intenciones, es la misma que en la ficción de "Cuéntame" pretendía llevar hace 40 años al huerto al bisoño, pero honrado, político Antonio Alcántara.
Y es que, a fin de cuentas, lobos y "lobbies" fonéticamente suenan casi igual y en la realidad lo son, salvo a los que les toca ser siempre el cordero propiciatorio. Ni más ni menos que al pueblo llano, pagano de todos los dislates ajenos.
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