SE QUEJABA amargamente López Aguilar, en su discurso de despedida, de que ha sido maltratado por un sector del partido y por los medios de comunicación. Por los columnistas que apoyan a la derecha. Me gustaría recomendar a López que echara un vistazo a las tertulias de las televisiones de su cuerda, o a las que deberían ser de la cuerda de todos los españoles, para que viera actuar a los corifeos de su partido, indignos profesionales vendidos al PSOE por un plato de lentejas o por algo más que un plato de lentejas.
López se va, por fin. En realidad, lo echan. Ha dicho, como si ya tuviera la nominación en la mano, que no será más veces candidato a la presidencia del Gobierno de Canarias. Sabe que su techo electoral fue el que fue, y fue muy alto, porque se aprovechó de la ola de su partido, y que jamás lo repetirá. No quiere reconocer que aquí las mayorías absolutas no son posibles, al menos con el actual sistema electoral. Y sabe que la gente está muy quemada con el PSOE.
No hizo autocrítica. Bonito es él para criticarse a sí mismo. Los improperios los dejó para los que no le apoyan en su propio partido -que son legión, capitaneados por Jerónimo Saavedra- y para la derecha, que es su gran obsesión. Aguilar dijo que le necesitan en Europa y que por eso se va. Sabe, posiblemente, que en Europa, como en Canarias, es un perdedor. Y añadió que ni siquiera Ferraz puede influir a la hora de designar a su sucesor. Pero él sabe que Ferraz sí puede influir.
López añadió que le habían criticado con mentiras, pero ni siquiera aludió a sus diatribas de fin de semana, llenas de insultos a todo el mundo. Este niño bonito canarión no se da cuenta cuando insulta a los demás; sólo reacciona cuando los demás no lo ponen bien a él. Sus berrinches infantiles nos tenían hasta el moño a los canarios y su visión de una Canarias corrupta -cuando esto no es cierto- hartaba ya a políticos e instituciones honestos, que no tenían por qué seguir soportando sus improperios.
Se va López y es un alivio para la política canaria, que él crispó hasta límites insospechados. Habló de su etapa en Justicia, pero no reconoció que ha sido uno de los peores ministros del ramo en la historia última de España. Crucificó a Coalición Canaria -que él llama ATI-, su gran obsesión. Y les dio a todos sus rivales de la derecha el último repaso. No quiso reconocer que Zapatero, para quitárselo de encima, lo mandó a Europa. Él cree a pie juntillas que está en Europa para el bien de su partido y de su país. Pobrecito.
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