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Perdón por ser canario

15/dic/09 07:30
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ALGUNAS veces he nombrado a mi amigo Pelicar. No sé qué haría sin sus consejos y, sobre todo, no sé de qué escribiría si no fuera porque él, por sí solo, constituye una inmensa e inagotable fuente de anécdotas e información. Precisamente durante nuestra última tertulia en el café del coqueto hotel Nivaria, nos contó a los que solemos coincidir en tan grato lugar, las vicisitudes por las que ha pasado su hijo Pelinor durante su estancia en una residencia de estudiantes de Madrid mientras hacía uno de esos postgrados que cuestan -normalmente a los padres- una pasta gansa, y que muy pocas veces sirven para algo provechoso en la vida laboral del que lo realiza. Lo digo porque, precisamente, su otro hijo mayor, Pelimor, después de hacer historia del arte y especializarse en diseño industrial, está vendiendo palomitas en uno de los cines de la ciudad.

Según nos cuenta, su hijo lo ha pasado, digamos, no muy bien. Hay que tener en cuenta que el poco dinero que tenía para sus gastos lo aprovechaba al máximo. Lo peor eran los fines de semana. La mayoría de sus compañeros cogían el tren, la guagua o el coche y se iban a sus casas. Los había que se juntaban unos cuantos, por ejemplo los andaluces, y se metían seis en un Renault y se hacían mil y pico de kilómetros -ida y vuelta- hasta Cádiz; él, por mucho que lo quisiera, no lo podía hacer: era canario. El ir a casa lo dejaba para las vacaciones y para algún puente o fiesta larga, siempre que supiera con antelación las fechas exactas para poder sacar los pasajes; aunque no era la primera vez que le habían cambiado las fechas de los días de vacaciones, y había perdido la oportunidad de ir a casa, además del dinero; pero estas cuestiones no las entienden, o no les preocupan, a los que no son canarios. Sencillamente, no piensan en canario.

Hará como un mes, nos contaba Pelicar, llamaron a su hijo al móvil. Era una oferta que le hacía Vodafone por ser un cliente de esos que llaman de oro. Le ofrecían nada menos que un móvil nuevo de regalo. "¿Regalo quiere decir gratis, gratis, gratis?", les preguntó Pelinor con la mosca detrás de la oreja. "Por supuesto, caballero, lo único que tiene usted que hacer es acercarse a una de nuestras tiendas, identificarse con el código que le voy a dar a continuación y le entregarán un móvil de última generación totalmente gratis". Y ahí que se fue nuestro amigo a por el regalo. Se identificó adecuadamente, le mostraron el fantástico teléfono y a Pelinor se le pusieron los ojitos como con chispitas, mientras le recorría un escalofrío por la nuca. "¿Me enseña su DNI?, por favor", le pidió el dependiente. "¡Uif! Como que lo siento", dijo sorprendido el Vodafone vestido de rojo, "pero es que es usted canario". "Efectivamente, lo soy desde que nací. ¿Y usted?", contestó mosqueado Pelinor. "¡Uif! Yo soy de Vallecas". "Pues lo siento por usted, pero ya que nos hemos presentado, ¿me puede dar mi regalo?". "¡Uif! Debo de haberme explicado mal. Quiero decir que por ser usted canario no le puedo dar el móvil". "¿Ah, no?". "Verá, es por aquello del IVA y del IVIC". "¡Pero qué IVA ni qué niño muerto!", le dijo Pelinor alzando un tanto su tono de voz, normalmente acompasado y tranquilo. "Pero si es gratis es cero euros, y el IVA y el IGIC de cero es cero, ¿o no?". "Sí, pero no. Verá usted, la cosa es más complicada de lo que parece". "Bueno, pues de todos modos necesito un móvil porque el mío está como atabicado". "¿Ata qué? Mire, lo siento, pero tampoco le puedo canjear los puntos por ningún móvil porque, como le dije, es usted canario y su contrato lo hizo en Canarias". "¡Joder, chico, lo siento, te pido perdón por ser canario, pero necesito un teléfono!". "Pues vaya usted a Canarias y cómpreselo allí".

Y después hay quienes dicen que no existe un problema de costes por la insularidad. Mientras el entorno natural afecte a la actividad humana, existirá el coste de la insularidad; de tal forma que, mientras más pequeño sea el territorio, el coste insular se reflejará mucho más en dicha actividad humana; y, cuanto más alejados nos encontremos de los flujos económicos, dichos costes se incrementarán proporcionalmente. Resumiendo: el transporte de mercancías en nuestras islas cuesta cuatro o cinco veces más que en el resto del territorio español, así como el coste de los embalajes; lo que exige a los empresarios y particulares efectuar un volumen de compra mínimo que les permita, al menos, cubrir los costes de transporte y les garantice en lo posible la rentabilidad.

Hay muchas personas que piensan que las aduanas en Canarias son un freno para su pleno desarrollo. No es normal que sea más barato exportar a Polonia o a Rumanía que a Canarias. Parece que somos españoles y europeos pero menos; en realidad parece que somos los tontos de España. Precisamente nuestro amigo Pelinor, que tuvo la desgracia de enganchar la defensa de su coche en uno de esos graciosos (?) pivotes que ponen en los estacionamientos, y al arrancarlo la dejó de recuerdo sujeta al dichoso pivote, con todo el dolor de su corazón y sobre todo de su bolsillo, le resultó más barato irse a comprar la defensa directamente a una tienda de repuestos de Londres -dos noches más vuelo de ida y vuelta más repuesto- que mandar el coche a un taller de aquí. En fin, como dice Pelinor: ¡hay que joderse!, perdón, por ser canario.

macost33@hotmail.com

 

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