A PESAR de las recomendaciones del presidente del Banco Central Europeo, Jean Claude Trichet, del presidente de la patronal, Gerardo Díaz Ferrán, e incluso del plan financiero de Barack Obama para que fluyan los créditos de los bancos hacia los consumidores, Zapatero no ha sido capaz de poner en marcha una política económica capaz de ir al encuentro de los sectores con capacidad para recuperar el empleo y rebajar el déficit público. Con casi un 20% de parados (en Canarias un poco más) y un incesante cierre de pymes, de bajas de autónomos, de concursales, de ERE, desahucios, etc., los socialistas de peso están que arden con ZP. Pues mientras países como Francia y Alemania se recuperan de la recesión abriendo la mano con los sectores generadores de empleo, Zapatero se dedicó a regalar baratijas de hartanga.
Y una de dos, o ZP es un insensible y calculador de armas tomar, o pasa olímpicamente de las penalidades que sufren los que se han quedado sin trabajo, sin casa, e incluso sin la familia. Después de dos años soportando la crisis (o la recesión, para hablar con propiedad), no hay pretextos que valgan, eso ni hablar; ya puede irse a jugar al escondite con Chávez, con los Castro y con Evo Morales; si tal es la obsesión por Marx y el batiburrillo de "El Capital", versión corregida y aumentada por el grupo de (IU) las vocales débiles.
Tampoco vamos a culpar de todo a ZP, un mediocre de la política, etc., etc., pero honrado como pocos, por mucho que uno disienta de la ¿ideología? y los procedimientos al uso. Sin embargo, o no son todos los que están perjudicados por el varapalo de la crisis, o la economía sumergida y el fraude tienen algo que ver con el "ensanche" del fenómeno. La razón es muy sencilla: nos quejamos de la carestía de los combustibles, del precio de los alimentos, de las hipotecas y de un sinfín de cosas? Pero no decimos ni pío del gentío en los restaurantes, en las grandes superficies y zonas de ocio y recreo: comiendo, bebiendo, danzando y gastando como en los mejores tiempos. Por ejemplo: durante la semana del puente de La Concepción, o el de Segovia, el comercio estaba de bote en bote por todas partes. ¡No lo entiendo! A pesar de rondar la caída del crecimiento el 4%, el déficit público aproximarse al 10% del PIB y el número de parados a punto de alcanzar la cifra de 4 millones, así y todo, la mayoría, de celebración en celebración y de fiesta en fiesta. ¡Vamos, un tren de vida impensable para la época! ¡Lo confieso, no entiendo nada! Tan cierto como que he tenido que salir pitando (me reservo el nombre de la ciudad) por el agobio de la gente, del tráfico y de los planes de ZP. Pero, ¿y la crisis?
De todas maneras, se palpa en el ambiente que el poder de la fiesta es superior a la voluntad para pasar de los avatares de las vacas flacas, precisamente, cuando se impone consumir sin pasarse de la raya, es decir, con moderación. En lugar de un tren de vida desordenado y dañino para la salud física y empírica. El que diga lo contrario no es buen consejero, porque para despilfarrar y jorobar la paciencia de los españolitos con ZP basta y sobra. Con tan escaso bagaje no vamos a ninguna parte. Nos toman el pelo los ingleses de la Roca, los piratas, los moros? Oiga, ¡esto qué es! Incluso la morería se atreve con el toro bravo de Iberia; y ¡olé, olé y olé!, que el moruno lo mismo baila que torea para el espectáculo de la fiesta de ZP; con la chilaba, las babuchas y un traje de luces que asfixia hasta las pulgas del Sahara. Luego se meten de confianzudos en el coro de los pajarracos de la 3ª islita (diminutivo acorde al tamaño de lo que queda del "Dedo de Dios"), dirección: calle el Redondel, s/n, Las Palmas. ¡Pero mucho cuidado!, que cuando el moro advierta que la "gran" es como el desierto, se amontonan y se quedan.
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