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Cartas al director

13/dic/09 07:28
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Abrir sin licencia en Güímar

En el Puertito de Güímar, donde se encuentra ubicada la discoteca "Mirror", se vienen realizando una serie de obras que carecen de la correspondiente licencia municipal.

La comunidad de vecinos donde se encuentra dicho inmueble, junto con treinta vecinos colindantes, presentó un escrito al Ayuntamiento de Güímar, denunciando dichas anomalías a lo que no nos han contestado. Solamente, tras una reunión mantenida en el ayuntamiento (solicitada por nosotros), el pasado 30 de noviembre, se nos contesta verbalmente: "Hay que esperar a la apertura del establecimiento para poder denunciar". Según ellos, el motivo es que "la Justicia va muy lenta".

Por otro lado, en la misma ciudad de Güímar existen supermercados importantes que funcionan desde hace más de cinco años y también carecen de la pertinente licencia municipal de actividades de establecimientos. ¿Es verdad que la Justicia va tan lenta?

Gerardo Albertos Díaz

¿Cuánta crisis?

No me considero de las personas que están con el tema de la crisis a vueltas, introduciéndolo en todo tipo de conversación, venga o no a cuento. No se trata de una defensa encubierta de cómo se están haciendo las cosas, sino más bien de que, al ignorar cuáles son las medidas acertadas, prefiero guardar un discreto silencio.

Supongo que les ocurrirá como a mí, que todo bicho viviente les comenta lo mal que se buscan soluciones, si es que se buscan. Y no resulta difícil colegir por su manera de expresarse, no su adscripción política, pero sí las inclinaciones de cada cual.

Más que curioso, resulta pintoresco cómo se culpa a ZP de ser el desencadenante de nuestras cuitas, sin tener en cuenta que es un modesto presidente de un país que presumía equivocadamente de ser una gran potencia mundial, sin mirarse al espejo para ver que, como los famosos ídolos, sus pies eran de barro, y nunca mejor dicho teniendo en cuenta que gran parte de nuestra "poderosísima" economía se apoyaba sobre vulgares ladrillos. Y que el gran porcentaje restante adolecía de otra fuente de ingresos que los relacionados con la actividad turística, insegura de por sí.

Se estanca la construcción y disminuye la afluencia turística, y estamos hechos unos desgraciados sin tener para donde mirar.

Este país había avanzado notablemente en los decenios ochenta y noventa, pero no se convertía en la locomotora de Europa. Nos iba decorosamente bien, pero bien a secas, y como los españoles por supuesto están constituidos por un gran ejército de hormigas, pero no menor es el de las cigarras, nos ha pasado lo que tenía que pasar: llegó el sueño del faraón y aparecieron las vacas flacas.

Los estadounidenses, casi por sorpresa, se dan cuenta de que la cosa está mal, pero aquí, en España, empezando por el señor Zapatero que no sabe uno quién lo asesora, si es que lo asesora alguien, hasta el último mono se quería ignorar la que comenzaba a caer, sin preocuparse de hasta cuándo iba a durar el diluvio, si es que llega a escampar.

Indudablemente es difícil mientras haya un excedente gigantesco de pisos construidos, pisos de difícil venta al haber cerrado los bancos y cajas el grifo de las hipotecas. Bancos y cajas a los que nadie les pide explicaciones por su comportamiento, más bien se les apuntala con el dinero del Banco de España. Y mientras la situación económica global europea no se estabilice y los ciudadanos de estos países comiencen a pensar en tomar el sol en nuestras bonitas playas, la situación seguirá sin moverse, se saque de la chistera el señor presidente el plan que más le guste, con la denominación que prefiera.

Merece mención aparte la actitud del señor Rajoy y de sus primeros espadas. Cuando se les escucha, quieren dar la sensación de que están en posesión de la solución a tanto fracaso del Gobierno. Acaso es posible que sea así, pero resulta incomprensible que si están iluminados para aportar las recetas que salven al enfermo prefieran esperar a que el mismo fallezca. Sería mucho más meritorio, y de agradecer, que si un día el señor Rajoy llegase a La Moncloa lo hiciese por sus méritos y nunca por los deméritos socialistas. Ellos sabrán si los españoles a los que quieren un día gobernar merecen su sacrificio, y por supuesto su trabajo, o simplemente hay que esperar a que caiga la fruta madura.

Hace unos días, cuando las manifestaciones en Madrid, en torno al tema del aborto y de la modificación de la ley que lo regula, don Ángel, un misionero amigo, me pedía una opinión, y no pude menos que decirle la tremenda incongruencia que para mí suponía ver en ella al ex presidente Aznar. Un hombre que fue presidente de este país ocho años, cuatro con mayoría absoluta, y no suprimió la controvertida ley a modificar. Y su señora, doña Ana, concejal del Ayuntamiento capitalino, asimismo manifestante, que debemos suponer dormía en la misma cama que don José María, y nunca le pidió lo que ahora le exige a su sucesor.

¿Les alcanza la memoria a los tiempos en que se aprobó la ley del divorcio y las agonías que tuvo que pasar Fernández Ordóñez? Y hoy se descasan de todos los partidos y aquí no ha pasado nada.

José Luis Martín Meyerhans

Velando por nuestra seguridad

A pesar de la mala prensa que en ocasiones tiene el colectivo de la seguridad privada, quizás motivada injustamente por la mala praxis de algunas personas ajenas a un oficio que ha estado demasiado tiempo distorsionado y devaluado por el intrusismo laboral, nos gustaría desde esta tribuna hacer un pequeño homenaje a unos profesionales no siempre valorados en su justa medida, pero que desempeñan una encomiable e imprescindible labor.

Estamos acostumbrados a verlos en puntos de acceso de las principales administraciones públicas, instituciones y empresas. En ocasiones, el celo profesional, necesario por otro lado para garantizar la seguridad de bienes y personas, choca con la incomprensión del visitante, quien acaba perdiendo los nervios y respondiendo malhumoradamente ante los requerimientos del agente.

Su labor es silenciosa, pero eficaz, y se juegan el tipo porque cualquier asunto que quede fuera del necesario control es un peligro potencial para la seguridad de trabajadores, visitantes y, por supuesto, responsables políticos. Bajo su responsabilidad recaen las tareas de identificar; revisar equipos, personas, vehículos o mercancías, chequear, notificar, dejar constancia escrita de los visitantes, supervisar, detectar riesgos... Y todo con gran celeridad para evitar el colapso en edificios habitualmente concurridos y que la tensión que a veces se respira en los lugares de control pase a mayores.

Tampoco es raro que, además de estas funciones propias, los agentes de seguridad privados ayuden en las tareas administrativas, de organización e intendencia, no siempre valoradas socialmente.

Por ello, valgan estas líneas para reconocer a este colectivo de trabajadores y, en especial, a los agentes de seguridad privada que desempeñan sus funciones en la sede de la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación del Gobierno de Canarias y del Cabildo Insular.

Los representantes y empleados de las organizaciones profesionales agrarias estamos acostumbrados a verlos con tanta frecuencia que la rutina del "chequeo" de entrada a las dependencias de estos centros de la Administración autonómica e insular ha dado paso a la conversación y alguna broma que ameniza la espera.

Los vigilantes de seguridad seguirán ahí, día tras día, realizando un trabajo silencioso y profesional que no siempre les reconocemos personalmente.

Mario Escuela Henríquez

(Secretario de Organización Regional UPA Canarias)

Las rotondas

Me dirijo al periódico con la intención de que se preste algo de atención a lo que está sucediendo con el uso de las rotondas en nuestras islas. Éstas representan puntos de una importancia vital para una circulación fluida, y es precisamente la escasez de información sobre su uso lo que tiene como resultado que un medio de descongestión como éste se convierta en un generador de retenciones y caos circulatorio.

Es evidente que el caos y los conflictos relacionados con las rotondas en Tenerife van en aumento: colisiones, nerviosismo, curiosas y significativas retenciones sólo en el carril derecho de las vías de acceso, mientras se desaprovecha el carril izquierdo de éstas... Por no mencionar lo que este estrés genera en la vida de los ciudadanos, ya que, por lo general, tenemos que lidiar con ellas cada día si nos desplazamos en coche.

A mi parecer es necesario reconocer que hay algo que no estamos entendiendo, y la razón es que nadie nos lo ha explicado. El principal problema se presenta cuando los usuarios dejan de usar el carril interior por miedo a quedarse bloqueados cuando tengan la intención de salir, reforzando así la idea por la que escogen el carril exterior como la única forma de evitarse problemas. Aún hoy en las autoescuelas (canarias) se sigue enseñando que las rotondas se deben coger por el carril exterior y que el interior sólo ha de usarse para hacer un cambio de sentido. Obviamente, el usuario que continúa por el carril exterior saltándose una salida está en su derecho de hacerlo, pero es precisamente esto lo que genera las retenciones.

Por el peligro que esto conlleva en algunos puntos concretos de nuestras carreteras, se derivan incoherencias como la necesidad de colocar señales de "ceda el paso" en el interior de la rotonda dando prioridad a la entrada y evitando así una congestión externa más peligrosa que pudiese alcanzar vías en las que se circula a más velocidad. Algo que va en contra de la esencia de este recurso de tráfico, ya que es la fluidez en el interior lo que genera fluidez en el exterior por medio de la entrada y la salida, y no al revés. Un buen ejemplo de esto es la rotonda de acceso al aeropuerto de Los Rodeos, en la que los "ceda el paso" dan prioridad a los coches que vienen de la autopista evitando así un peligro mayor, pero bloqueando a su vez la salida hacia Santa Cruz.

Para solucionar esto considero que es esencial que los medios muestren a los ciudadanos que lo único que debemos entender es que la incorporación a cualquier rotonda de dos carriles debe necesariamente hacerse por el carril interior cuando no se va a usar la primera salida a su derecha.

Usar esta sencilla norma es la única manera de que la circulación en la rotonda sea fluida, tanto para los que usan el carril interior, ya que nadie les impedirá salir mediante la salida en ala, como para los que vayan a incorporarse a la rotonda por el carril exterior con la intención de usar la primera salida a su derecha, ya que no habrá nadie que bloquee este acceso. Como consecuencia directa de esto se facilita el uso de los dos carriles en las vías de acceso a las rotondas, lo que necesariamente genera una mayor fluidez en las zonas donde éstas están presentes.

Iván Perera

 

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