LEO en este periódico, con fecha del miércoles último, que, tras el visto bueno del Ejecutivo autónomo de Canarias, el proyecto de una nueva estación para pasajeros en el puerto de Santa Cruz de Tenerife aguarda para el comienzo de las obras, cuyo presupuesto es de nueve millones de euros, por la autorización del Ministerio de Medio Ambiente del Gobierno que preside el señor Rodríguez Zapatero, que es, de momento, el que ordena y manda en este desafortunado país. Lo de la probable duración de este Ejecutivo es por el resultado de la encuesta callejera llevada a cabo por el diario La Gaceta y la cadena de TV de la misma empresa, según la cual -y pudimos verlo en la pequeña pantalla en la noche del martes- cerca del 85 por ciento de los encuestados se decidió a pedirle a Rodríguez Zapatero que presentara su dimisión visto el desastre total en que se ha convertido su gestión.
La verdad es que no me explico cómo el señor titular de esa cartera, que visitó Canarias hace poco tiempo, no anunció la buena nueva para el puerto santacrucero, en vez de prometer dinero para el tren del Sur de la Isla, compromiso que no ha cumplido. Y es que a don Pepiño, que le llaman, le falta cacumen para saber la popularidad que le da el anuncio de una obra pública importante. Pero él se las guisa y él se las come. Si lo hubiera anunciado quizás habría conseguido su candidatura algún votillo más.
La construcción del nuevo departamento portuario para turistas llegados en los cruceros de recreo está previsto que comience a construirse en el año que viene, el cual empezará dentro de algo menos que un mes. Ya existe una estación marítima perfectamente equipada y acondicionada para el movimiento ordinario de pasajeros. Pero, al parecer, no se había contado con las escalas de los muchos y grandes trasatlánticos que empezaron a llegar a puerto de pocos meses para acá. Y, efectivamente, las necesidades de espacio dejan pequeña la actual estación.
Lo que, en principio, me parece extraña es la ubicación de la nueva infraestructura portuaria, precisamente en la cara exterior de la última alineación del dique-muelle Sur, en donde, dentro de la dársena y en la línea de atraque del otro lado del muelle, suelen amarrar los grandes trasatlánticos en cruceros turísticos.
He dicho en varias ocasiones que durante los casi 25 años que tuve a mi cargo la sección de este diario "El puerto es lo primero" tuve tiempo de conocer y de saber lo que los sucesivos ingenieros que han dirigido y trabajado en este puerto pensaban que debía ser un dispositivo de la importancia que correspondía a Santa Cruz. Y junto a esos técnicos, a los que considero de extraordinaria valía, vi construir dársenas como la Pesquera, la de Los Llanos, la exterior (Dique del Este) y la totalidad de los muelles de Ribera.
Con esta práctica y lo que aprendí con los citados profesionales, digo que me extraña la situación de la nueva estación marítima sin protección alguna de diques y abierta a las corrientes y hasta a los escasos, pero sí existentes temporales. Muy bonito en el plano y a poca distancia de los barcos atracados, pero, insisto, sin protección alguna, condición que siempre se tuvo en cuenta en nuestro dispositivo portuario.
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