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EDUCACIÓN, FAMILIA Y SENSATEZ FRANCISCO M. GONZÁLEZ *

El sentido del humor en el matrimonio

11/dic/09 07:25
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NO LES QUEPA la menor duda, el sentido del humor (la risa y la sonrisa) es una de las cosas más serias de la vida. "La risa -le oí decir a la neuróloga María Gudín- es uno de los mecanismos que más puede ayudar a poner en orden sentimientos discordantes: cuántas veces un chiste a tiempo puede cambiar una relación tensa en trato cordial". Quiero recordar aquí a mi padre, hombre bastante serio -aunque sin perder nunca su halo tacorontero-, que me enseñó: "Las personas que nunca ríen, además de ser peligrosas, no son realmente gente seria".

El sentido del humor no es tomarse todo a broma o afiliarse a la risa fácil; es un sexto sentido para descubrir lo gracioso y chocante en situaciones que aparentemente podrían ser trágicas. El sentido del humor, junto con el optimismo, nos permite actuar de una manera ilusionada; y la ilusión tira muy fuerte en nuestra manera de proceder. No nos movería nada si todo lo viéramos en su aspecto más serio, negativo y desagradable. Conviene diferenciar la seriedad del pesimismo, una persona puede ser alegre, pero seria. Y a veces una persona jocosa no tiene la menor gracia; con su ironía inoportuna lo que hace es destruir.

¡Cuántos "petardos" matrimoniales o amargas discusiones de pareja se evitarían si ante un malentendido, una presunción equivocada, el error inevitable o el despiste habitual, en lugar de la "chispa incendiaria" saltara la carcajada o la sonrisa franca y natural! En el fondo, el optimismo y el buen humor en el matrimonio creo que indican, también, madurez, imaginación y no tomarse por la tremenda lo que no tiene tanta importancia.

Por ejemplo: son las 7.45 de la mañana, los baños invadidos, los niños haciendo bulla, papá con camisa, corbata, con calcetines nuevos, zapatos brillantes, y en calzoncillos, busca furioso sus pantalones -además, la noche anterior le ha citado el jefe a las nueve menos cinco en su despacho-, y grita: "¡Dónde diablos has puesto mis pantalones!"; entra frenético en las habitaciones de los niños; mira en la cocina, donde no ve un suculento desayuno para dos y a mamá, en una tabla improvisada, terminando de hacer la raya a los dichosos pantalones. Él la increpa: "¡Siempre dejas todo para última hora!". Podemos imaginarnos varias respuestas: a) ¡Siempre me reprochas todo lo que hago!; b) ¿Por qué no te los planchas tú?; ¡toma tus pantalones! -y se los tira a la cara-; c) ¡Cállate, pesado, póntelos y tápate esas piernas peludas que asustan!, ¡todavía queda tiempo para desayunar juntos!

Otro ejemplo: han quedado, un viernes, para cenar a las 10 de la noche en un restaurante de reciente inauguración; él, sentado en la mesa reservada desde las 10 menos diez, va por la tercera botellita de agua mineral sin gas y ha releído todos los diarios de la jornada. A las 11 menos veinte aparece ella, pisando fuerte, pero se la ve cansada; "¡no me apetecen broncas!"; él calla, la mira por encima del periódico. Ella dice con una sonrisa angelical: "Llega una ligerita lo antes que puede, y ni un beso ni nada". ¡Fíjate el peinado que me hecho para ti!". De entre las respuestas posibles, tal vez la más acertada: "¡Gracias, estás muy guapa! Comprendo que el tráfico está insoportable, y que los viernes las clases te dejan agotada".

A esto se le suele llamar capear el temporal. La situaciones beligerantes en un matrimonio pueden ser muy variadas; para resolverlas: imaginación. Lo importante es no dramatizar, para evitar perder los nervios, y sonreír. Hay quien está mejor dotado para manejarse en situaciones conflictivas. Pero todos podemos aprender, y hay que aprender pronto, basta una ligera dosis de ingenio e imaginación, algo de autocrítica (sobre todo, para reírse de uno mismo) y confiar en el lado bueno de la naturaleza humana. Huir de las discusiones innecesarias y de la rutina, como del sida.

Es cierto que en el matrimonio, o en la pareja, hay momentos críticos, serios y tristes, que exigen valor, fortaleza y sentido común para superarlos. A mi modo de ver, el sentido común, junto con el sentido del humor, la ternura, la comprensión y la ayuda de Dios son los elementos esenciales para lograr la dicha y reírnos con más frecuencia en nuestro matrimonio, a pesar del paso de los años. Puede ser su reto excelente para comenzar en estas fiestas de Navidad.

* Orientador familiar

y profesor emérito del CEOFT

fmgszy@terra.es

 

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