TACHI IZQUIERDO, Tenerife
Que la Guardia Civil multe a un conductor por hablar con el teléfono móvil mientras conduce un vehículo es lógico y hasta necesario, por el riesgo que implica, pero que lo haga con un conductor que no tiene carné, ni coche ni sepa conducir, y que el día que se supone que ocurrió la infracción, según asegura el supuesto chófer, estaba a más de 40 kilómetros de distancia del lugar, no deja de ser "la gota que colma el vaso de mi situación".
Narciso Hernández Hernández recibía en su domicilio hace una semana una notificación respecto a la mencionada multa, que dijo "me ha tocado sin comérmela ni bebérmela", pues explica que "desde Tráfico aseguran que yo conducía por Los Abrigos, en la TF-75, en el kilómetro 9, en dirección a Santa Cruz, y hablando con el móvil, cundo estaba en mi trabajo, en el Parque Marítimo de Santa Cruz, cumpliendo con la jornada laboral como he venido haciendo en los últimos nueve meses, y sin percibir mi salario como consecuencia del cierre de la actividad".
La experiencia en Tráfico
Aunque reconoce que se puede deber a un error informático o administrativo, "la mayor estupidez la padeces en las oficinas de Tráfico, donde los funcionarios se pasan la pelota de unos a otros y me tengo que molestar yo para solucionar algo que no tiene que ver conmigo, como ir al cuartel de la Guardia Civil de Ofra para enterarme de si el vehículo que fue sancionado tiene otro tipo de infracciones, por si acaso me tengo que cargar yo también de esos muertos".
A pesar de que por dicho error ha tenido que moverse por su cuenta, "nadie te aclara lo que tienes que hacer, sino que te mandan a otro mostrador y, luego a otro, hasta que logro hablar con el jefe de sanciones, que se limita a darme una copia de la multa y punto. Son 150 euros, que no puedo pagar porque yo no cobro desde hace nueve meses, y esto es ya una pesadilla, porque ahora yo tengo que estar averiguando todo, hasta el punto de que hay otras seis personas con mi mismo nombre y apellidos".
"Si los de Tráfico son unos incompetentes, no es mi problema. Que averigüen ellos quién es ese conductor", comenta indignado ante la cantidad de problemas que ha padecido este año, "que quiero que se acabe ya", pues afirma que ya sólo le faltaba este "desastre burocrático, algo que es ilógico o de risa, porque no hay por donde cogerlo, y cada vez que lo cuento la gente no se lo cree y se ríen de mí".
Narciso Hernández forma parte de una plantilla de 22 trabajadores, de la que en la actualidad sólo 9 siguen reclamando sus derechos laborales, esperando por la celebración de los correspondientes juicios, que en su caso, en lo que se refiere a la reclamación de cantidades por impagos, "el juicio está fijado para noviembre de 2010, un plazo que demuestra que, o la justicia va muy lenta o que los juzgados tienen poco personal".
Este empleado del Parque señala que las instalaciones "están muy mal, van por el mismo camino del Balneario, en cuanto a su total abandono, y ya se está metiendo la gente los fines de semana a celebrar el botellón y aquello se ha convertido en un barrio sin ley, donde entra la gente como quiere".
Por ello, comenta que el ayuntamiento "debe hacer algo ya con estas instalaciones, que las recupere para que convoque un nuevo concurso y las piscinas vuelvan a caminar". Señala que tanto a él como a sus compañeros "sólo nos queda esperar; y esperar que la promesa del responsable de la sociedad que lo gestiona se cumpla, que es que el personal que lleva ahora nueve meses de sufrimiento sea subrogado".
En cuanto a la multa, aún no encuentra una explicación lógica, por lo que está a la espera de que le muestren una foto para aclarar de una vez por todas quién conducía ese día, aunque su horizonte es aún más lejano, pues le quedan muchas jornadas por acudir a un trabajo por el que no cobra y con la incertidumbre de pasar unas Navidades difíciles.
La multa es una gota más en un vaso que está a punto de colmarse.
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