![]() | |
|
VENTURA GONZÁLEZ, S/C Tfe.
En sus peores momentos de esta Liga, el Tenerife ha seguido sacando su bandera. La del estilo. Lo ha hecho en situaciones de tanta adversidad que hasta los más afines llegaron a dudar sobre si un equipo tan frágil podía competir jugando así de alegre en una Liga que castiga cualquier mínimo error. La segunda parte de ayer es otro acto de fe. Este equipo se salvará así o de ninguna otra forma...
En realidad, el juego del Tenerife en el césped y la aportación de sus aficionados en la grada son ingredientes inseparables. Los "peloteros" activan a la grada abajo, sobre el verde, con su toque, su dinamismo y su técnica, y, en situaciones complejas, la afición los ayuda a ellos a subir la intensidad hasta bordear los límites físicos. Eso fue lo que sucedió ayer en un partido que estaba cuesta arriba y que alcanzó su punto de ebullición cuando Ricardo empató ayudado por un rebote (54'). Desde entonces hasta que Nino sentenció el triunfo (65') con su trallazo a bocajarro, el Tenerife fue un vendaval: como suele hacer cuando se enchufa de verdad, redujo la franja de campo entre sus dos líneas extremas, apretó en todas las zonas al rival, le quitó la pelota una y otra vez y desarrolló su mejor virtud, esa facilidad organizada que tienen sus cuatro atacantes para tocar y moverse, para salir de su sitio en el dibujo y aparecer por el frente de ataque hasta desajustar a los defensores contrarios. Entre el empate y el segundo gol apareció en escena Ángel, que añadió fiereza y presencia al juego ofensivo local. Fueron 15 minutos tremendos, de una garra, de una actitud, de una intensidad admirables, mientras el Sporting se ahogaba cerca de Juan Pablo, como esperando a que pasara aquel vendaval. Pasó, pero los dejó sin ventaja y fuera del partido...
Claves tácticas.- En el desarrollo del encuentro, que en realidad fue dominado siempre por el Tenerife, tuvo mucho que ver la apuesta de Oltra, que se la jugó. Puso a Juanlu de lateral derecho, para que jugara cinco metros por delante de los otros tres de la zaga (tal vez Héctor fue titular porque se necesitaba su velocidad en una apuesta como esta); el andaluz empezó perdido y por su costado llegó el gol del Sporting (3'), pero a la larga, cuando el Tenerife empezó a manejar la pelota, él se acomodó casi como un centrocampista y el equipo tuvo más gente para progresar por el sector derecho. Incluso, esa variante le dio otro fruto mayor al equipo, porque con Juanlu avanzado, Diego Castro se vio obligado a defenderle y se vació sin tocar bola. En realidad, Juanlu lo cansó con sus subidas, en especial, cuando Omar cambió de banda con Kome y cayó por la derecha, porque el canterano descubrió el camino para que Juanlu fuera un extremo más.
Después del gol asturiano, el Tenerife tardó en carburar, pero fue creciendo poco a poco, aunque en la primera parte el equipo estaba ansioso, por eso terminó precipitadamente una docena de jugadas en las que quedó claro el peso de ese 0-1 sobre un equipo tan necesitado. Aunque tuvo el balón, dominó y apretó a su rival hacia un repliegue total, el Tenerife no estuvo cómodo: la rigidez de Mikel, que jugó siempre por delante de Ricardo pero no dio con la tecla cerca del área rival, la soledad de Omar, que salió de todos los regates pero nunca tuvo ayudas, la intermitencia de Ricardo o la difuminada presencia de Alfaro, fueron síntomas que definieron una primera mitad escasísima de emociones (sólo Alfaro de cabeza y Mikel, desde lejos, probaron a Juan Pablo). Eso sí, Sergio Aragoneses estaba de espectador.
La espoleta.- El Sporting empezó más entero la segunda parte y tuvo una acción para cerrar el partido, pero Bilic se lesionó en la carrera hacia el remate. Tremendo espejismo. Cuando marcó Ricardo, el estadio se encendió. La gente, que había abroncado a un pésimo árbitro, entró de nuevo en el partido con su peculiar manera de jalear a los suyos. El Tenerife arrolló un Sporting que ya estaba en repliegue intensivo con Carmelo (que entró por el lesionado De las Cuevas) sufriendo a un inmenso Ricardo. El canterano dio un recital de actitud, de toque y de precisión. Por delante le complementó un Mikel Alonso espectacular, y ambos se comieron el centro del campo. La jugada del segundo gol es demostrativa de lo que estaba sucediendo en el partido, la insistencia de Ángel y Nino en el área hasta llevar el balón a la red, simboliza la garra que el Tenerife le puso a una segunda parte en la que se reencontró con su mejor versión, la de Segunda. La de ese fútbol de chispa, de desmarque y toque, que, sin embargo, necesita la intensidad para tener razón de ser.
Hasta el final, Ángel tuvo dos ocasiones muy claras (24' y 43') para hacer el tercero y sentenciar, aunque ya el Sporting no regresó al partido. El Tenerife ha vuelto.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD