BENJAMÍN REYES, Gijón
El nombre de Fatih Akin (Hamburgo, 1973) saltó a la palestra internacional gracias al tremebundo drama "Contra la pared", que se alzó con el Oso de Oro en la Berlinale de hace cinco años. Dos años después, el premio al mejor guión en Cannes, concedido a "Al otro lado", lo confirmó como uno de los talentos más pujantes del cine europeo actual. Su interesante filmografía se completa con cinco títulos, en los que predominan las historias al límite que basculan entre la cultura turca y la alemana. El reciente Festival de Gijón le ha rendido un merecido homenaje con la proyección de sus siete largometrajes y la publicación de un libro que analiza las claves de su cine, entre las que destacan la búsqueda de la identidad, la importancia de la música, el uso de la violencia como catalizador de sus historias y su admiración por el cine de Martin Scorsese. Su último trabajo, "Soul Kitchen", Premio Especial del Jurado en la última Mostra de Venecia, supone un giro inopinado hacia la comedia. El cineasta germano-turco anunció ayer que no asistirá al estreno de este filme en Suiza, en protesta por la prohibición de construir minaretes, aprobada en referéndum el pasado domingo en el país alpino.
¿A qué obedece el cambio de registro de su última película?
Para rodar "Soul Kitchen" he tenido que vencer el miedo a ser esclavo de mi propia reputación, más vinculada al drama. Estoy cansado de que me encasillen en este género. Mi cine es muy personal y refleja mi estado de ánimo de un momento concreto. Cuando rodé "Contra la pared" estaba enfadado; cuando filmé "Al otro lado" mi estado de ánimo era melancólico. En esta ocasión tenía ganas de sonreír. Por eso, con mi séptimo largometraje he buscado la inspiración en la comedia clásica de Hollywood dirigida por cineastas europeos como Ernst Lubitsch o Billy Wilder.
¿Cuándo piensa concluir su trilogía sobre el amor, la muerte y el mal?
Las dos primeras partes de la trilogía ("Contra la pared" y "Al otro lado") fueron extenuantes y requirieron un gran sacrificio por mi parte. Quería recuperarme con "Soul Kitchen", que en el fondo es una demostración de que la vida no es sólo dolor. Me he tomado una especie de vacaciones antes de enfrentarme al diablo, porque sé de antemano que no será fácil. Hay una extraña filosofía en la dirección: Si no sufres rodando un filme, no será bueno.
¿El gran tema de su filmografía es el choque cultural entre Turquía y Alemania?
Ya he contado todo lo que tenía que contar sobre el mundo turco-alemán. Ese capítulo lo cerré con "Al otro lado". Todas mis películas abordan el tema del hogar porque no pertenezco realmente a ningún sitio. Mis trabajos siempre tratan de personas que buscan su casa y su identidad. Con "Soul Kitchen" he querido hacer un filme acerca de "estar en casa", pero de tal manera que no se defina a través de una nacionalidad, ya sea turca o alemana. No he querido hacer de "casa" un lugar geográfico, sino más bien una actitud.
¿Se siente más alemán que turco o más turco que alemán?
Turquía no es mi hogar. Aunque mis padres hayan nacido allí, posteriormente emigraron a Alemania. Turquía es un país complejo. Me he acercado a él con cada una de mis películas, pero creo que Turquía es un lugar aún por descubrir. Cuando era niño cruzaba todos los veranos Centroeuropa, en caravana, con mis padres camino de la patria paterna. No creo que ningún adjetivo nacional alcance a definirme. La mezcla de lo mediterráneo y lo centroeuropeo me ha hecho más rico.
¿Por qué le fascinan los personajes al límite?
Siempre me han interesado los "outsiders": las prostitutas, los vagabundos, los noctámbulos, los sin papeles, los sin nada. Asimismo, me fascinan las relaciones humanas, cómo se establecen, lo que provocan y representan.
¿Cuál es la razón de que abandonara su carrera como actor?
La razón fundamental es que no estaba del todo satisfecho con mis interpretaciones. No quería que me ubicaran en una determinada casilla étnica. Además, no me gusta la idea de estar a merced de otros. Soy un maniático del control. Estas experiencias me han ayudado a ponerme en la piel de los actores que aparecen en mis trabajos.
¿La música es tan importante para usted como el cine?
Para mí la música es más importante que el cine porque es un medio de expresión más antiguo. La música que selecciono para mis filmes se convierte en un viaje que nunca sé a donde me a llevar. Me veo a mí mismo como un discjockey del cine. Trabajo con muestras musicales, mezclo, adapto, experimento y creo algo nuevo a partir de eso. Escucho muchos estilos musicales, desde el jazz a la música electrónica, desde el soul al heavy metal. Me sigo comprando los discos de Metallica. Su último trabajo, "Death Magnetic", me ha gustado mucho. Para "Soul Kitchen" he pretendido encontrar el sonido de Hamburgo, y ese sonido es el soul.
¿Se siente colmado por la retrospectiva que le ha dedicado el Festival de Gijón?
Me siento joven para que me dediquen una retrospectiva. Considero que mis grandes películas están por llegar. A pesar de haber rodado siete largometrajes, un documental para la televisión, dos cortometrajes y tres trabajos en proyectos colectivos, realmente estoy en el inicio de mi carrera y me quedan muchas cosas por aprender.
¿El cine europeo podrá hacer sombra algún día al cine "made in USA"?
El cine estadounidense está ahí porque invierte mucho dinero en el sistema de distribución. Es necesario que el cine europeo haga lo mismo. Mejorar nuestro sistema de distribución, crear una red, es mi sueño. No me veo rodando en Estados Unidos una superproducción. Sólo lo haría si perdiera mi casa, o algo así, y necesitara dinero.
¿Hacia dónde caminará su cine a partir de ahora?
Sé que estoy arriesgando mi reputación pero no quiero ser esclavo de mi éxito. "Soul Kitchen" me ayudará a filmar mejores trabajos y me ayudará a saber hasta qué punto mi cine puede ser comercial.
Prefiero asumir riesgos y experimentar. No quiero repetir los mismos temas el resto de mi carrera.
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