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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

Injusticias pendulares

6/dic/09 07:32
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SUPONGO que no seré sospechoso de partidismo por lo que voy a escribir en este artículo considerando la innumerable cantidad de veces, ya he perdido la cuenta, que he criticado a la Sanidad canaria. ¿Mejorable? Desde luego; pero en modo alguno la sanidad tercermundista que un señor, dolido por lo que le ha sucedido a su hermano pero esencialmente desinformado, ha denunciado en un programa de televisión destinado a marujas con rulos y descerebrados masculinos con cholas de andar por casa.

Comprendo la indignación de Juan Miguel Pastrana ante el calvario soportado por su hermano Diego, acusado erróneamente de la tortura y muerte de una niña. He sido de los pocos periodistas que no he tenido que pedir perdón, pues nada escribí sobre el detenido cuando casi toda la prensa, la radio y la televisión de este país caían sobre él para perpetrar uno de los mayores linchamientos morales que se recuerdan en España. Todo lo contrario: en dos artículos critiqué a determinados colegas que los domingos acuden a misa como meapilas, pero entre semana no les importa llamar degenerado y monstruo social a una persona que ni siquiera ha sido puesta a disposición judicial. Eso lo he escrito, se ha publicado y está en las hemerotecas por si alguien alberga la menor duda.

Asunto distinto es permitir que una injusticia dé pie a otra. Un proceso pendular, como señaló acertadamente un compañero el pasado viernes durante un programa de Canarias Radio la Autonómica. Concretamente, no es admisible que Juan Miguel Pastrana califique de tercermundista a la Sanidad canaria por lo que le ha ocurrido a la hija de la señora que forma pareja con su hermano. Lo tercermundista es que en España sigan existiendo, y con gran auge de audiencia, programas como el que ha acogido sus desafortunadas declaraciones. Podría recordarle a don Juan Miguel lo sucedido, sin ir más lejos, en algunos hospitales de Madrid. Podría citarle el caso Leganés, por ejemplo, con las supuestas sedaciones a enfermos terminales. Un asunto zanjado por la Audiencia Provincial de Madrid, hace ya tiempo, al aclarar que no existieron malas prácticas en el centro afectado. Pero se habló muchísimo de ello, ¿verdad? Sin ánimo de entrar en el habitual "y tú, más", también cabe recordar la muerte de un niño marroquí, Ryan era su nombre, por la negligencia profesional de una enfermera. ¿Dónde se produjo esa muerte, don Juan Miguel? ¿En un hospital de Tenerife, en uno de Las Palmas o en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid?

A la hora de conocer Madrid les llevo cierta ventaja a Diego y a su hermano don Juan Miguel. Aprendí a caminar en Madrid mucho tiempo antes de que naciera cualquiera de ellos. Algo así como más de un cuarto de siglo antes. De hecho, no creo que estuviese ninguno de ellos en este mundo cuando iba casi todos los días a Parla, el pueblo de ambos, para encontrarme con un ciclista que corría en mi mismo equipo y salir a entrenarnos juntos. Quiero decir, y a eso voy, que ninguno de los dos pueden contarme nada que yo no sepa de la llamada Villa y Corte.

Yo sí les puedo esbozar a ellos, sobre todo a don Juan Miguel, lo que es Canarias, con sus grandezas y sus carencias, y lo que es África. Usted, don Juan Miguel, y disculpe que se lo diga así, no tiene ni puta idea de lo que es la sanidad en África. Usted se comporta como un bocazas cuando equipara la sanidad canaria con el tercermundismo africano. Una gilipollez que se le puede perdonar en un estado de tensión emocional como el soportado por su familia, pero que de ninguna forma le podemos admitir. Al menos no se lo tolero yo como tinerfeño, por mucho que lamente lo sucedido con su hermano.

Tan sólo a título de ejemplo voy a citarle un país de esa África que usted menciona: Mauritania. Nación de moda en estos días a cuenta de los cooperantes secuestrados. En concreto, le señalo su capital: Nuakchot. Y en Nuakchot, un hospital: "El pequeño almogávar", un hospital donde cada año le salvan la vida a centenares de niños que, de no existir dicho centro, morirían a causa de dolencias que en España ya no le cuestan la vida a nadie porque se atienden sobre la marcha, incluso en un ambulatorio. ¿Y sabe usted, don Juan Miguel, quién costea íntegramente el funcionamiento de "El pequeño almogávar"? Pues el Gobierno de Canarias, señor de Parla. Quiero suponer que si la Administración de estas Islas hace eso en Mauritania, y también en otros lugares que sería largo enumerar, procurará que los niños canarios, y también que los niños residentes en Canarias aunque no sean canarios, estén como mínimo igual de bien atendidos. Por lo tanto, no caigamos en esas mencionadas injusticias pendulares. O, dicho en un lenguaje que sin duda usted entiende mejor, no nos toque las pelotas en un programa de salsa rosa a cuenta del inmerecido trato recibido por su hermano. Bien es verdad que 300.000 euros es una cifra tentadora. Muy tentadora. ¿Cuándo se incorporan los dos como polemistas u ofendidos tertulianos a un reality show?

rpeyt@yahoo.es

 

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