UN DICHO popular para designar a los que atraen las desgracias es el que compara a estas personas con alguien que pone un circo y le crecen los enanos. Pues bien, esta semana parece que lo peor que podría haber hecho el Gobierno habría sido instalar un circo, porque habría acabado con los enanos más altos del mundo: tres cooperantes españoles han sido secuestrados en Mauritania, y ayer se desconocía todavía tanto su paradero como la identidad de los secuestradores; el grupo parlamentario socialista firma con Esquerra Republicana de Catalunya una proposición no de ley para instar al Gobierno a que elimine los crucifijos de las aulas escolares, y Rodríguez Zapatero, ante el escándalo producido, ha de negar públicamente que este asunto esté en su agenda; se organiza otra escandalera enorme cuando se conoce que en el anteproyecto de Ley de Economía Sostenible se ha metido de matute la vía libre para que el Gobierno, por vía administrativa, cierre páginas web sospechosas de facilitar descargas ilegales de material sometido a derechos de autor, y el presidente del Gobierno ha de negar que semejante atropello vaya a tener lugar; los datos del paro de noviembre indican que sigue la caída en picado del empleo.
Y, como guinda del pastel, la saharaui Aminatu Haidar, expulsada de Marruecos a Lanzarote, se pone en huelga de hambre en el mismo aeropuerto canario y, con sus exigencias antimarroquíes, deja a España en una muy difícil situación respecto a Marruecos y endosa al Gobierno español la responsabilidad de tener que afrontar la amenaza de muerte lenta de esta mujer en nuestro suelo; cuando esto se escribe, Marruecos ha humillado a España retirando en el último momento la autorización para que un avión español aterrizase en El Aaiún llevando a Haidar a bordo. Una operación marca de la casa de Mohamed VI. Verdaderamente, como decía el otro, hay trimestres que es mejor no levantarse de la cama.
Pero todo tiene su lado bueno, y mientras suceden todas estas cosas, de la crisis que nos azota ya se habla menos, los españoles que atraviesan tiempos de verdadera necesidad se hacen transparentes para la opinión pública, y la agenda de ingeniería social de este Gobierno con designios totalitarios prosigue su camino implacablemente en medio de la indiferencia general.
Cambio climático
Incluso pasa inadvertido el terremoto que sacude estos días al mundo entero, producido por la revelación de los correos electrónicos de responsables del Centro de Investigación del Clima, en la universidad británica de East Anglia, que ponen de manifiesto que la campaña de terror sobre el calentamiento global producido por la acción humana está basada en mentiras, ocultaciones, hipótesis sin fundamento científico y maniobras propagandísticas sobre catástrofes imaginarias. Y todo esto sucede en vísperas de la Cumbre del Clima de Copenhague, a la que Rodríguez Zapatero se dispone a acudir para comprometer fortunas ingentes de los contribuyentes españoles, destinadas a la patraña de la lucha contra el cambio climático y las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera. Da, al parecer, lo mismo que ya haya dimitido el director del centro mencionado y se anuncien más renuncias como consecuencia del colosal escándalo que tiene a Internet y al mundo científico hirviendo. Aquí nos entretenemos con la polémica de los crucifijos en los colegios y con las maniobras de la SGAE y los intermediarios discográficos para seguir disfrutando del asombroso privilegio de tener al Gobierno de rodillas, legislando a favor de sus intereses.
La Constitución
Ayer, sábado, fue el Día de la Constitución. Para dar más lustre a esta conmemoración, las jornadas de puertas abiertas en Congreso y Senado han sido los días precedentes, en vista de que el puente es demasiado tentador para la gente normal, que aprovecha para irse por ahí a descansar (o a olvidar que no tiene oportunidad laboral de cansarse). De acuerdo con la costumbre de este Gobierno de funcionar a golpe publicitario y campañas de imagen, en el Congreso se organizó una lectura de la Constitución desde la tribuna de oradores del Salón de Plenos, realizada artículo por artículo por alumnos de Bachillerato de un colegio y por personajes populares como cantantes, futbolistas y demás prohombres nacionales.
Se supone que esta operación quería simbolizar el carácter de las Cámaras como casa de todos los ciudadanos libres. Pero un alumno se lo creyó, y aprovechó su presencia en la tribuna para criticar a los sindicatos y acusarlos de "bailar el agua a los poderes políticos". La vicepresidente que presidía en aquel momento, la socialista Teresa Cunillera, le retiró la palabra y le ordenó abandonar el atril. Se oyó una ovación al muchacho cuando se retiraba. En la edición digital de "El Mundo" se registraron en pocas horas más de 1.300 comentarios a la noticia, abrumadoramente favorables al estudiante y muy críticos de la situación política actual.
Es lo que pasa cuando se comete la ingenuidad de creer que una operación propagandística dice la verdad: si para escenificar la libertad de expresión se deja hablar libremente a la gente, ocurre lo del viernes en el Congreso (donde, por cierto, otro estudiante siguió los pasos del primero, aunque con menos eco mediático). O sucede también que, preguntados los ciudadanos suizos sobre si son partidarios de permitir o prohibir los alminares en las mezquitas del país, el referéndum revele que la mayoría no quiere ni uno más, sembrando así el pánico en las autoridades europeas, tan exquisitas con todo lo relacionado con el Islam. Evidentemente, es mucho mejor ceñirse a la propaganda y cortar de raíz cualquier aplicación práctica de lo que se predica.
La Constitución no pasa, desde luego, por su mejor momento, como lo muestra el espectáculo bochornoso de la paralización de un Tribunal Constitucional que no logra dictar sentencia sobre el Estatuto de autonomía de Cataluña, y van ya más de tres años de demora. Pagaremos, sin duda, esta factura.
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