LAS CADENAS frívolas generalistas han ofrecido al hombre falsamente acusado de maltratar a la hija de su pareja, que finalmente murió víctima de una caída involuntaria desde un columpio, muchos cientos de miles de euros por acudir a los programas/basura. Ignoramos a la hora de escribir esta sección si el joven ha aceptado o no, pero si no lo ha hecho habría que aplaudir su decisión. Y si ha aceptado, ejerce su derecho, pero estaría echando más leña a la inmensa hoguera de la estupidez nacional.
Bien por negligentes observaciones médicas, bien porque en España nos pasamos por el arco del triunfo la Ley de Enjuiciamiento Criminal, este hombre fue acusado falsamente de maltratar y violentar a una niña de tres años, hija de su novia. Los primeros informes médicos invitaron a la denuncia. Como si fuera un delincuente internacional, o quizá para escarnio de quienes podrían imitar el supuesto hecho, fue paseado a cara descubierta por las cámaras de los fotógrafos. Cuando los forenses determinaron que la pequeña murió como consecuencia de un posible error médico y de las secuelas de una caída involuntaria desde un columpio, el preso, que sólo intentó reanimar a la niña -de ahí algunas lesiones producidas en su cuerpecito-, fue reivindicado y puesto en libertad por el juez competente. Sin cargos.
Llamaba la atención la defensa que tanto la madre de la pequeña como su familia hacían de este joven, que tiene una conducta intachable y que sufrió una crisis de ansiedad una vez puesto en libertad.
Ahora bien, en los extremos de la detención -la ley insiste en que no debe haber menoscabo del detenido- y en los interrogatorios, la Guardia Civil parece que no estuvo a la altura. Por eso hemos de pedir a la Benemérita, siempre en su línea de coherencia y de rectitud, que depure responsabilidades.
A ver si nos enteramos en este país de que todo el mundo es inocente mientras no se demuestre lo contrario y no al revés. Es verdad que se partió de un supuesto error médico de evaluación. Pero ni siquiera así se puede hacer pasar a un detenido, y menos a un inocente, por un calvario.
La ciencia forense, por otra parte, ha demostrado su solvencia. ¿Qué habría pasado si los forenses no intervienen? ¿Hubiera cargado este joven toda su vida con una condena injusta de muchos años de cárcel, quizá veinte por una mera sospecha? Todas estas cosas enseñan. Ahora los médicos tendrán más cuidado en sus apreciaciones, los policías y los guardias civiles deberán cumplir la ley en su sentido amplio y los forenses seguirán demostrando su buen juicio para dejar las cosas en su sitio cuando se produzcan episodios como el que les hemos relatado.
Y la telebasura debería abstenerse de tocar estos asuntos con más morbo del estrictamente necesario; mejor, la información aséptica.
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