PARA la compra-venta de productos frescos empieza a rondar, en algunos círculos comunitarios, la idea de establecer un porcentaje condicionado de garantía de mercado para cultivos, producciones agrícolas o ganaderas situadas a menos de 50 kilómetros del punto de venta. Una especie de reserva. Quien dice a 50 km dice después 100 km o a 200 km. El objetivo, de lo que sería una medida muy cuestionada, es el de potenciar el consumo de productos del país y, de otro lado, beneficiar la producción ecológica, que en un paso posterior o sucesivo se impondría con las motivaciones de acompañamiento que se piensan sumar.
Vamos a suponer que el 50% de los productos que se venden como frescos, de los que se consumen en los mercados de abastecimiento, supermercados o tiendas al público, tiene obligatoriamente que estar cultivado, criado, recogido u ordeñado a menos de 50 kilómetros de la zona en que se comercializa al público.
El porcentaje restante quedaría para cubrir en las estanterías las ofertas que por el clima u otros factores no fueran fáciles de generar en la zona y también para variedades protegidas o con razones pactadas de intercambio.
¿Quién ganaría con una iniciativa de este calado? El entorno de las grandes capitales y acumulaciones poblacionales de Europa se rodearían, en consecuencia, de un cinturón verde. ¿Quién pierde? Los espacios vacíos del Sur, porque de granos y cultivos del Norte no se habla nada. El embudo siempre con los dos diámetros, el de los poderosos del Norte y el de los pobres del Sur, nosotros los que más.
Canarias tiene un índice elevado de habitantes por metro cuadrado y el campo de las islas atraviesa por una crisis integral. Su estado actual es tan delicado que podría estar anunciando el principio del fin. "Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro. Es tierno y mimoso igual que un niño" (Juan Ramón Jiménez). Si incluimos leches y carnes y se garantiza, a cambio del brutal desarme arancelario actual, la subvención a los cultivos de exportación, la idea dentro de que puede perjudicarnos tampoco creo que sería el fin del mundo.
El Estado español es el quinto más poblado de la Unión Europea; sin embargo, su densidad de población (91,4 hab/km² según INE 2008) es menor que la de la mayoría de otros países de Europa Occidental. La densidad relativa de población dentro del Estado coloca a Madrid con 784,45 habitantes por kilómetro cuadrado, a Barcelona con 700,43 hab/km²; Vizcaya 517,10 hab/km²; Guipúzcoa 351,05 hab/km²; Alicante 325,19 hab/km², y acto seguido -esta es una de nuestras fuerzas no esgrimidas-, a Santa Cruz de Tenerife con 261,03 hab/km² y Las Palmas, con 236,29 hab/km².
Difícilmente la medida en el caldero de la CEE (Comunidad Económica Europea) podrá plasmarse en la realidad por los fuertes intereses cruzados de los diferentes Estados. Es factible que si se atrevieran empiecen haciéndolo para unos cuantos productos básicos que sobre el papel ya tienen mayoritariamente el camino andado -huevos, algunas hortalizas dependiendo de las zonas-.
La reflexión viene dada en el sentido de que en principio no podríamos estar de acuerdo con regulaciones de este ámbito territorial sólo para el sector primario y sería preferible para cualquier parámetro del sector industrial. ¿Por qué no se atreven con los coches? Pero aún así y "asigún" y cómo, es probable que tampoco perdiéramos tanto y que de alguna manera dada nuestra densidad de población pudieran potenciarse, por fin, la agricultura de medianías y la ganadería de sostenimiento propio.
Entrarían en juego los precios y los posibles desabastecimientos del mercado, sólo lo comento para que se estudien posibles consecuencias derivadas, por si fuera el caso de que pudiéramos, por lo menos, establecer un paraguas como el de un parque nacional para las producciones archipielágicas de productos frescos.
Hay que encontrar alternativas para desarrollar o activar nuevamente la agricultura de medianía en las Islas. No puede ser que el desierto siga instalándose en las pendientes y de alguna manera tendremos que encontrar fórmulas -como la de la Reserva de la Biosfera de La Palma, para sacar al mercado en 2010 gofio de mezcla y ecológico- que activen rentablemente un paisaje cada vez más herido y sin salida.
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