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TAL CUAL PABLO PAZ

Canarias: una crisis oceánica

1/dic/09 07:28
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HA LLEGADO a mis manos un informe sobre la crisis económica de Canarias del que se han hecho eco, más si cabe, los medios de comunicación de la Península que los propios isleños. El informe es demoledor. En él se dice, a modo de puñalada trapera, que si bien Canarias presume de una temperatura primaveral, en cambio su economía roza el frío siberiano. Pero no habla por hablar, sino que expone con todo lujo de detalles las cifras que proporcionan ese escalofrío gélido al que antes me refería. En él se dice que Canarias ha perdido de golpe y porrazo una década; y que el hecho de no llamar a las cosas por su nombre es, precisamente, parte del problema que padecemos.

Tenemos, principalmente, un problema de confianza y, por tanto, de expectativas. Y si así se encuentran todas las islas en general, Tenerife es la campeona de todas ellas, con una deflación galopante, al superar el descenso del IPC el 2% en el pasado mes de octubre. Canarias ha registrado la mayor caída de precios de toda España. A la crisis del ladrillo y a la turística, hay que añadirle una falta absoluta de confianza del consumidor que ha retraído su interés por el gasto -unos porque materialmente no pueden, y otros porque se lo piensan dos veces antes de gastar un euro más de lo indispensable-. El hecho es que los precios siguen en caída libre, reduciéndose los márgenes de beneficios -cuando los hay-, pero sin variar un ápice el gasto: hipoteca o alquileres, impuestos, nóminas, seguros, seguridad social, luz, agua, gasolina?; resultado: cierre de empresas y despidos masivos de empleados que nos da como resultado un futuro no muy lejano donde el desempleo en Canarias llegará al 30% (ahora está en el 26%), que como comprenderán ustedes es una cifra sin precedentes en una sociedad que se dice desarrollada.

Respecto a los dos motores de la economía canaria, el turismo y la construcción, la fuerte caída del número de visitantes, así como el gasto por turista, añadido a las malas previsiones de los empresarios y a una nefasta labor de algunos gestores, ha propiciado el cierre de algunos hoteles en Tenerife que ha llevado añadido el despido de -por ahora- casi cuatrocientos empleados. Pero si en esta disparatada guerra de precios, éstos siguen cayendo, la cosa se puede poner aún peor si cabe. Por otra parte, los excesos en la construcción, tanto residencial como turística, han propiciado que la crisis canaria tenga su propia identidad, muy superior a la global española, afectando de un modo inesperado (?) a la industria y al comercio.

Llegado a este punto ya no es hora de lamentos ni de echar la mirada hacia atrás, y mucho menos de perder el tiempo buscando culpables. La crisis nos ha afectado a todos, por supuesto no por igual, pero es hora de buscar soluciones y no de pegarnos cabezazos contra la pared; porque aparte de hacernos daño, no nos va a servir para otra cosa sino para perder un tiempo precioso del que no disponemos. Todos somos culpables: unos por acción, otros por omisión; unos por aprovecharse y otros por dejar que se aprovechen. No sirve la intransigencia ni la desesperanza. El mundo no se acaba y el mañana está ahí y es necesario seguir viviendo.

Lo primero que tiene que hacer una sociedad llegado a un caso como este es socorrer a los más necesitados: de forma urgente prever el suministro de lo más básico, comida y un techo. Socorrer a los niños y a los ancianos. Cerrar urgentemente y sin dilación cualquier gasto superfluo en la Administración, incluidas fiestas, recepciones, premios, viajes, dietas, coches oficiales, asesores, conferencias, festivales, desfiles, aumentos de sueldos, etc. En fin, que la cosa no está como para, encima, tirar fuegos artificiales. Si las administraciones crecieron demasiado en los años de bonanza, ahora es el momento de ponerse a dieta.

Por otra parte, los sindicatos, esos que viven de nuestros impuestos a través de las subvenciones que tan generosamente les otorga el Gobierno, ya va siendo hora de que se relajen y comiencen a defender de verdad a los trabajadores, comenzando por revisar los convenios a la baja -no se puede subir el salario un 2% cuando el IPC está en el menos 3%-, e incluso proponiendo en algunas empresas la reducción del salario, o al menos su congelación, si con ello se evitan más despidos o incluso el cierre de la empresa.

Canarias necesita de hombres y de mujeres fuertes, que propongan un gran pacto político y social en el que se establezca lo que hay que hacer y, sobre todo, una partición equilibrada del reparto de responsabilidades y de sacrificios; tanto para salvar el empleo como para aumentar la productividad. Tenemos que ser competitivos. Tenemos que generar puestos de trabajo para calentar la economía, propiciando una mayor flexibilidad en el mercado laboral. Tenemos que devolver la confianza al consumidor. Además, tenemos que fortalecer nuestro sistema educativo; diseñar un modelo viable y sostenible; simplificar en lo posible los procesos administrativos, reduciendo los costes burocráticos y acortar el tiempo para crear una empresa, así como impulsar la actividad empresarial; sanear los problemas más acuciantes de nuestro sistema financiero, evitando no politizar demasiado su gestión; así como bajar los impuestos y recuperar la unidad de mercado. La cuestión no es baladí, nos estamos jugando el futuro.

macost33@hotmail.com

 

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