UN SER HUMANO no es nadie para dictaminar sobre la vida de otro ser humano. Sólo Dios tiene potestad para disponer cuándo una persona debe morir como la tiene también para disponer cuándo y cómo debe nacer. Así lo están entendiendo cada vez más países, empezando por Estados Unidos de América, que ya abolió la pena de muerte con excepción de algunos Estados de la Unión, donde sigue vigente. Un servidor, como cristiano y como católico, está contra la pena capital y contra quienes la aplican. Pero, en algunas ocasiones, como es la violación y hasta el asesinato de jóvenes e incluso de criaturas, para eliminar al testigo que pueda identificar al violador y, en su caso, al asesino, uno se pregunta si es justo castigo para el abyecto sujeto el encierro en una prisión, aunque sea condenado a cadena perpetua. La víctima no va a retornar a la vida porque el sujeto esté perpetuamente en la cárcel.
Indignación y hasta asco produce en cualquier ser humano normal la muerte por violencia de una criatura de pocos años de existencia, cuando empieza con sus gracias, da los primeros pasos para aprender a caminar y pronuncia las primeras palabras que le enseñan su madre y sus mayores. ¿Cómo puede un sujeto execrable entrar a violentos golpes contra una criatura y hasta matarla sin sentir otra cosa que sus incontenibles instintos criminales? Muy difícil de entender para una persona normal, como tampoco lo entenderán los magistrados que tengan que juzgarlo y que, estoy seguro, considerarán injustas, por defecto, las condenas que señalan y les obligan a aplicar las leyes.
Pero así son los códigos y así se escribe la Historia. Ni siquiera los textos legales promueven el escarmiento y nadie puede asegurar que muchos desalmados no puedan repetir y, desgraciadamente, repitan el mismo o un más terrible delito porque, en este país, llevamos, en lo que atañe a delincuencia, muy mal camino. Cuando no son corrupciones, son atentados, engaños, tramas, fraudes, enriquecimientos fraudulentos, mafias y cada vez más profesionales del atraco y el bandidaje de bandas organizadas internacionales que han encontrado en España las mayores facilidades para forrarse con la delincuencia. Estas acciones no las practican en Francia ni en Alemania, ni siquiera en Italia. ¿Falta Policía o falta lo que dicen que deben tener los hombres y, en realidad, carecen de esas cosas?
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