D.M., Tenerife
D.P.V. no habla. Tampoco duerme. Su familia directa lo arropa, pero "no encuentra consuelo". Es una persona de pocos años que ha vivido en su carne las aberraciones más despreciables de las que es capaz el ser humano. Está psicológicamente destrozado.
Ha pasado tres días en los calabozos de Playa de las Américas, en una de las celdas más pequeñas, de apenas un metro cuadrado. En este tiempo no recuerda haber visto la luz del día. El error médico provocó que los agentes pensaran que tenían delante a un "sádico violador" y así lo trataron.
Fue detenido en la noche del día 24 de noviembre, pero, "cuando se enteraron del fallecimiento de la niña, los comentarios de los agentes de la Guardia Civil lo machacaron psicológicamente, con acusaciones y palabras malsonantes que ahora resuenan machaconamente en sus oídos", según ha sabido este periódico de lo poco que ha comentado el joven, quien precisó que, desde ese momento, sólo lo alimentaron con pan duro y agua.
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