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TAZACORTE

Sin el quiosco de cristal

El viejo quiosco de la plaza de España, junto a la iglesia de San Miguel Arcángel, ha sido desmontado. Tras 48 años de vida, el último vestigio del viejo "París Chiquito", como se conocía a Tazacorte en la década de los 60, desaparece engullido por la modernidad y el abandono. En el recuerdo quedan sus días de esplendor.
29/nov/09 09:35
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A LA SOMBRA DEL LAUREL, el quiosco murió lentamente con los años./ M.CH.
A LA SOMBRA DEL LAUREL, el quiosco murió lentamente con los años./ M.CH.

M.CH., Tazacorte

Un licor de café, una mistela, un agua de sifón... casi siempre acompañado por un pincho de hígado con mojo y una pequeña papa arrugada. El aperitivo costaba sólo un duro. Muchas generaciones de Tazacorte y de asiduos visitantes al municipio bagañete guardan ese recuerdo entrañable de un quiosco instalado hace 48 años en la plaza de España, junto a la iglesia de San Miguel Arcángel. Pero, aunque los buenos recuerdos son imborrables, los tiempos cambian. La modernidad lo transforma todo, incluso los conceptos de ocio y tiempo libre. Hoy, el pequeño puesto ha dejado de ser atractivo y después de casi cinco décadas ha terminado por ser desmontado.

Aquel "quiosco de cristal", como se le llamaba, fue instalado mediante concesión pública por Antonio Magdalena y con los años fue traspasado a Manuel Acosta Casimiro. Durante su época de esplendor resumía, a pequeña escala, el llamativo encanto de un municipio que, por su particular forma de ver la vida, se apodaba "París Chiquito".

A su vera, en un centro neurálgico conformado por la plaza y la pérgola, crecieron, jugaron, charlaron, discutieron, rieron, lloraron... muchos niños, jóvenes y adultos. Era parte de una de las estampas más tradicionales del casco. Junto al quiosco se vivían tardes de domingo, partidas de dominó o de baraja, bajo la sombra del laurel de indias, y sonrisas de niños que disfrutaban de las decenas de ejemplares de pájaros que anidaban en el tronco del árbol rodeado por una inmensa jaula. Unos pájaros que dejaron de piar cuando la plaza se vistió con un suelo más moderno.

Era otra época, con menos requisitos sanitarios y normas, como las que obligan a contar con un baño al servicio de los clientes, lo que para el pequeño quiosco era un escollo insalvable. Desde hace algunos años, no estaba en condiciones. Viejo y obsoleto, murió poco a poco.

Su último dueño, Antonio Acosta, dice que decidió entregarlo al ayuntamiento porque "ya no era rentable", aunque reconoce que "ciertamente estaba algo abandonado". Ha visto cómo algunos operarios municipales lo han desmontado y ya siente nostalgia: "Me voy a encontrar raro sin el quiosco. Acabo de dejarlo y ya lo echo de menos".

Por ahora, según afirman desde el Consistorio de Tazacorte, no se tiene claro qué se va a hacer en este espacio: una rampa, un banco, otro puesto... no se sabe, está en estudio. Pero, sea cual sea el proyecto sustituto, ya no será aquel quiosco, el de hace 48 años, el del viejo "París Chiquito".

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