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RAFAEL BARRETO, Icod
Osmundo Delgado Martín es uno de los exponentes de la historia viva de las tablas de Icod de los Vinos por San Andrés. Una tradición arraigada en el pueblo y que se vincula, como el arrastre de los cacharros en la Caleta de Interián, o en el Valle de La Orotava y comarca de Acentejo, a la apertura de las bodegas, al estreno de los vinos nuevos. Asegura a EL DÍA que "esa actividad está metida en la sangre desde muy temprana edad. Creo que después de gatear lo primero es subirse a una tabla y deslizarse con ella y aún se desconoce el motivo por el que cuando se acerca noviembre los chicos preparan sus tablas. Es como si lo llevaran en los genes".
Desde su tierna infancia practicaba su habilidad en la construcción y manejo de las tablas como auténticos vehículos con los que se deslizaban calle abajo en la víspera de la celebración y luego durante la misma, como otros tantos muchachos de comienzos de los años cuarenta del pasado siglo, en una época en que no estaban bien vistas por las autoridades.
Comenta que "en mi caso, yo me inicié en el arrastre de la tablas cuando tenía unos tres años y desde ese entonces, prácticamente, no he fallado. También es verdad que entonces había muchas necesidades y usábamos la primera tabla que encontráramos. A veces, recurríamos a la picardía y tomábamos una de las tablas que se empleaban a modo de somier en las camas. Si teníamos la habilidad reagruparlas en la cama podíamos coger una sin que se notara. Ahora bien, los chicos procurábamos disponer de dos tablas, una buena, que la reservábamos para el día de San Andrés, y la mala para el resto del año, porque nos la quitaban los guardias. Durante el franquismo el arrastre de las tablas estaba muy perseguido; a los chicos nos llamaban golfos, algo que no entendí ni comprendo aún: ¿cómo se puede llamar golfo a un niño por el mero hecho de arrastrarse con una tabla y mantener la tradición. La dictadura no pudo nunca con la tradición del arrastre de las tablas, y creo que la fiesta de San Andrés nunca morirá. Mientras haya niños no morirá la tradición del arrastre de las tablas, lucharán por todos los medios para que San Andrés sobreviva y mucho más en Icod de los Vinos".
Comenta que "la afición por el arrastre de las tablas va en la sangre de los icodenses, porque desde que se empieza a caminar la ilusión de todos los padres entonces consistía en confeccionar prepararle una plataforma para que se deslizara por las calles más empinadas o pronunciadas del casco urbano o de los barrios. Normalmente, le preparaba una tablitas. Las primeras fueron confeccionadas por nuestros padres o nuestros abuelos".
"Cuando era niño o adolescente la tabla era una joya para mí -explica-; es como el que guarda en el garaje un coche de lujo para sacarlo una vez al año, como si fuera para un desfile o batallas. En mi tiempo la tabla duraba muchos años, dado que se guardaba para usarla cada fiesta de San Andrés y la que tengo ahora la reparo para mi nieto que tiene ahora 12 años. Al regalársela me ocurre algo parecido a si me arrancaran algo de mí. No sé cómo explicarlo, pero me atrevería a decir que es como si se tratara a la pérdida de una muela".
Don Osmundo señala que las tablas que se emplean para el arrastre por San Andrés hay que ponerlas a punto antes de utilizarlas, reparar las traviesas y el cojín o ajustar los clavos desprendidos".
Osmundo Delgado recuerda que "las casas convivían hasta tres familias y había muchos chicos; es decir, vivía mi abuela y mis padres, y en la parte baja José, el guardia, con su familia. Los días previos salían los chicos de todos lados para practicar con las tablas, y el propio día de San Andrés era apoteósico, las calles no cabían en si de tanto gentío que se congregaba en torno al arrastre multitudinario, que contrasta hoy con la mayor presencia de espectadores que de participantes. Nosotros entonces presumíamos de ser buenos pilotos, había que dominar la conducción de las tablas, con la mayor entrega e inteligencia posibles".
El arrastre de las tablas es más seguro ahora, según indica Osmundo Delgado, que cuando las calles eran de piedras. Los accidentes suelen ser leves por regla general, aunque puede ocurrir un percance. Los pilotos están bastante adiestrados y, en la actualidad, el espectáculo reside en colisionar con los neumáticos, darse los estampidos. Antes de conducía y había que frenarla usando un remo, pero ahora los jóvenes se lanzan cuesta abajo a toda velocidad contra una pila de neumáticos o gomas. Se han dado casos de heridas con secuelas.
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