A Esther
Querida Esther,
querida amiga,
descansando estás
en la lejanía.
Entre tus papás,
entre tu santita
a quien visitaste
hace pocos días.
Qué pena querida
qué pena dejaste
en esta tierra fría.
Te echamos de menos
día tras día,
tu cara en mis ojos
te veo dormida,
tu faz tan serena
y linda tenías
yo estoy segura
que tú los veías
aunque tus ojos
cerrados tenías.
Tu esposo, tus hijos
al pie los tenías.
Tu alma no estaba
al Cielo subía
por tu gran corazón,
por tu gran valía.
Siempre recordaré
tus palabras, tu risa
en las reuniones
que al año había.
Te echamos de menos
mi querida amiga.
Yo sé que tú estás
con Dios en compañía
desde el cielo nos ves,
mi querida amiga.
Magdalena Castilla Mesa
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