Canarias
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A FONDO ROGER

Los trenes

29/nov/09 09:35
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Además de los trenes del norte y el sur, el Cabildo retoma el asunto del trenecillo de cercanías del Valle. Ese que recorrerá los caminos hermosos de flores, los platanales altivos y los senderos frondosos. Algo parecido será al tren de las fresas que va desde Madrid a los Reales Sitios, sobre raíles que el tiempo ha mantenido sin un resto de herrumbre. Y los viajeros comiendo fresas y bebiendo champán del bueno o el cava catalán que no desmerece.

Tren de cercanías que mostrará las hermosuras de los recónditos caminos del Valle, tan desconocidos. Será una gozada para los turistas que vienen buscando el bucólico/lírico país de Humboldt. Trenes de revisor y de maquinista, que nos mostrarán cómo fuimos y que le dirán al mundo cómo queremos ser. Canarias tiene que atender al guachinche y a la estación ferroviaria hermosa, como ocurre en Noruega, donde cada apeadero es una poesía. Se ve que Richi Melchior ha recorrido, aunque sea en sus sueños alemanes, los senderos de Europa, desde las humedades del Rhin a los lagos del norte italianos, desde las cascadas del Danubio, que Strauss cantó azul, al Buda húngaro, cuyas orillas se llenan de zíngaras que se bañan desnudas en la época de verano.

Trenes para las Islas. Un medio de comunicación desconocido y necesario, que nos aportará bellezas poco conocidas, nos mostrará las medianías, quizá, nos enseñará los barrancos y sus cauces, los acuíferos furtivos, la laurisilva engañosa, los platanales de nuestros antepasados y los cultivos ignorados. Ha sido una buena cosa que el Cabildo desentierre el viejo plan, y ojalá que así sea, porque los trenes de cercanías serán un atractivo turístico más, y de los buenos, para mostrar la tierra nuestra al que viene, al que sólo ofrecen ahora sol, playa y un poquito de comercio.

Un tren es también una esperanza. El coche nos ha deshumanizado y envilecido el gusto. El coche ha agobiado nuestras vidas y nos ha hecho más serios. El tren es un río sin tiempo. Te montas en él y sabes que vas a llegar cuando tienes que llegar, sin semáforos ni guardias, sin multas ni excesos de velocidad.

Los del Valle serán trenes casi agrícolas: veremos la vaca basta y al mago andar con ella por los caminos. No encontraremos ni coches ni carreteras. Nos acercaremos al pasado, que siempre fue mejor. Estaremos más pendientes de nuestras cosas y penetraremos en un Valle lleno de frondas que se arremolinan al paso del viajero sesentón que viene del frío. Bendito tren, que alegrará nuestra vida, a poco que el Cabildo, madre de todas nuestras batallas, se lo proponga.

 

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