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D. BARBUZANO, La Laguna
Después de la reciente reapertura de la ermita de San Diego, varias han sido las personas que han advertido a EL DÍA de que había desaparecido el antiguo retablo de dicho templo, ya que no estaba en el lugar ocupado el pasado año.
El Obispado informó de que, conjuntamente con el Cabildo Insular de Tenerife, se había acordado desmontarlo, dado que está muy deteriorado y "la madera estaba tan podrida que se te hundía hasta el dedo al apretar", precisó el vicario responsable de patrimonio de la Iglesia.
Al preguntarle qué se pensaba hacer con el retablo informó de que sólo había dos soluciones, o rescatar la poca madera bien tallada existente para hacer elementos para la ermita como un ambón y que quede como un testigo histórico, o proceder a la restauración. Pero para esto último se necesitaría un dinero que tendría que aportar alguna empresa u organismo oficial, porque al menos el Obispado no dispone de presupuesto para dicha obra.
La Asociación en Defensa de La Laguna, que preside Julio Torres, manifestó a este periódico que "no estamos ante un elemento ornamental y de utilidad religioso normal de una iglesia, sino que se trata del retablo de la ermita de San Diego, con todo lo que representa de valor artístico e histórico. Y la verdad, no comprendo por qué es posible, por ejemplo, acometer obras de reconstrucción y no una restauración, para la cual se dispone del propio retablo, aunque esté deteriorado, y fotografías de la época".
Julio Torres aclaró que lo que "hace falta, tanto en el caso de la ermita de San Diego como en otros edificios emblemáticos de la ciudad, es una mayor voluntad religiosa o política para que no terminen desapareciendo obras de alto valor patrimonial".
En 1839 el convento y su iglesia fueron vendidas, con toda la tierra que poseían en sus alrededores, a Juan P. Meade por 59.969 reales de vellón.
Desde dicho año, el convento fue residencia de una familia y la iglesia conoció largos periodos de abandono que significaron su casi total ruina. La capilla mayor fue derribada en 1885 por estar muy deteriorada.
El investigador Alejandro Cioranescu describió en su día la iglesia como de una sola nave con piso de mosaico, techo artesonado y coro alto de madera y de gran sencillez. Sobre el retablo destaca que es de madera pintada de blanco y dorado y que contiene en sus nichos las imágenes de la Virgen de los Ángeles entre San Diego y San Francisco.
Informa, además, que en las paredes laterales hay retratos de pinturas de religiosos del convento o de las Islas Canarias.
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