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NALAYA BROWN CANTANTE

"En la música de hoy la estética se valora más que una voz bonita"

24/nov/09 07:27
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JORGE DÁVILA, S/C de Tfe.

Es la propietaria de una voz contundente que consigue mutar hasta convertirla en una delicada sonoridad con la que poder transitar por los secretos del jazz, rithm & blues, funky... una fusión acústica donde la base electrónica tiene su espacio. La portuense Nalaya Brown (1982) lleva ocho años residiendo lejos de Tenerife. Se marchó para ampliar sus estudios y encontró un discurso musical que ha marcado tendencia en ciudades como Londres, Río de Janeiro, Los Ángeles, Ibiza, Madrid... "Soy más conocida por ahí fuera que en casa", señala respecto a su progresión artística.

¿Otro sueño artístico que tiene que crecer lejos de Canarias?

Sí, pero en realidad yo me marché a estudiar. La música vino después.

Pocos lugares en el mundo te ofrecen las condiciones de vida que se dan en las Islas, pero musicalmente tienes muchísimas limitaciones.

¿Hay que salir para probarse?

Siempre hay que arriesgar.

¿Y hasta qué punto ha arriesgado Nalaya Brown?

Lo justo. Éste es un riesgo calculado porque estoy haciendo lo que me gusta y viajando por el mundo. Es verdad que muchas veces echas de menos a la familia y ver cómo crecen los tuyos, pero sabes que si quieres hacer algo interesante tienes que sacrificar tu vida personal.

¿Dónde se encuentran sus raíces musicales?

En la música electrónica. A partir de ahí me he adentrado en aspectos que tienen que ver con el jazz, el soul, el funky o la música brasileña. A Tenerife traigo un espectáculo de jazz-fusión que tiene pinceladas clásicas y modernas.

El jazz es un género que ha tratado de romper muchas "barreras" en los últimos años, ¿triunfar en él es un reto para usted?

Yo hago jazz a mi manera, es decir, sé que es un estilo muy desarrollado y para cabezas pensantes que tienen una amplia cultura musical, pero al jazz también se le puede dar la vuelta. No hace falta tener una voz cálida para estar en él. En mi caso, he tenido como referentes a Polo Ortí, Fernando Ortí, su hermano, o Juan Carlos Calderón. Gente del jazz más puro. Mi idea es buscar una mezcla de sonidos y ofrecer algo menos clásico.

¿En qué vertiente se siente más cómoda?

Me gusta sentir lo que estoy cantando. Cuando acabé de grabar un disco en Los Ángeles volví con él repleta de ilusión, pero me lo tuve que comer con papas. Las discográficas españolas dicen de mí que canto como una negra, pero que el público quiere otra cosa. Si no hay dinero, no hay disco.

¿Está complicado entrar en un estudio de grabación?

Casi imposible. Entrar ya es poco menos que un milagro, los músicos que están dentro son abandonados en cuanto dejan de ser rentables y a los que les dan confianza porque traen resultados acaban por chuparles la sangre.

¿Sacar disco es uno de sus retos para 2010?

Ojalá se diera esa posibilidad. Es pronto para saber cuándo se hará realidad todo el trabajo que estamos haciendo con Alfonso Samos, que es el productor de Luz Casal, porque para editar, primero, tienes que cubrir unas necesidades económicas que hoy todavía no están garantizadas. Por pedir que no sea. Así que aprovechando que ahora estoy por Canarias, a ver si me dan un empujoncito (sonríe) y consigo sacar este disco.

¿En qué punto está el proyecto con Alfonso Samos?

Está bien trabajado, pero queda por amarrar lo más difícil, que es el trabajo de estudio. Tengo la sensación de que es lo más comercial de todo lo que he hecho, pero en este mundillo si no suenas igual que Nena Daconte o La Oreja de Van Gogh, no tienes nada que hacer. Hay una obsesión por encasillar cantantes y cuando no logran etiquetar lo que haces, lo más sencillo es mandarte al bloque underground.

¿Nota que falta originalidad?

Mucha, pero es lo que hay. Ahora mismo existe un montón de músicos que no venden CD, pero ellos siguen dando conciertos. Cuando hablamos de márketing lo comercial siempre estará por delante del talento. Si un producto no tiene una salida fácil en las tiendas, el fracaso comercial acaba con un buen proyecto. El riesgo de apostar por algo bueno y novedoso tiene un control porque la mayoría sabe que si no funcionas, puede ser el final para ti y para ellos. Algunos prefieren apostar por una cara bonita y decir no a un cantante.

¿Esa lucha por lograr el triunfo comercial no está "matando" al artista?

En la música de hoy la estética se valora más que una voz bonita. El cantante es como los pintores que necesitan plasmar el instante artístico en el que se encuentran en sus cuadros, pero si no te dejan, es difícil mostrar tu creatividad.

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